Hay un día crítico,

Hay un día crítico, no siempre       xx?  
ni tiene que ser muy a menudo... 
              -cada equis periodo de tiempo-
                    en el cenit de la balanza. 
 En el que los acontecimientos te empalman/
       aplastan y empalan atravesándote 
-de abajo arriba- 
hasta detenerse en el hueso cóncavo
puntal fetiche de la batalla... 
             Tu pobre y desmadejado/hueco craneal.
 
Mientras el goce reposa ya tumbado en la losa manuscrita 
del destino/
los cuervos, -medio descompuesto tú- 
te van sacando los ojos de sus cuencas/órbitas 
tirando de los hilos, 
   y los echan al aire a navegar juntos, a volar/rotar...
Pero esta vez 
en medio de la parábola de la galaxia de lo que nunca 
                                     vas a llegar a ser.

Navegando a través de planetas/placentas 
                                      inimaginables
y de angustias inconcebidas pretéritas, como latigazos,
serpientes rodeando el cáliz/árbol de tu cuerpo,
cuenco del veneno 
que el mundo ha de beber...

Ajustando las sabanas de la carne de tu alma al colchón
con el vaso de agua en una 
y las pastillas en la boca del perro guardián del cementerio
...esperando a la puerta de tu casa 
                           porque huele a muerto.

Noto como me corroe/recorre en mitad del duelo/sueño 
un aire extraño 
en esta noche, final del plácido verano...
         y me noto como si estuviera despierto

-Praesente instable cavene perdas hoc tum (cuídate 
de no perder el presente inestable).


Tu soledad…

Tu soledad... la más celosa y harapienta            xx  
       se ha sentado en la taza del váter/terraza del bar
     a tomar unas cervezas/copa conmigo... a solas.
                    ¿Crees/te parece que no me la merezco?

-Pues yo os bendigo a ambos/los dos
en la monda de mi eterna media naranja... 
-de lo pendiente prometido-.
En el amor furtivo que no cesa y de su miedo paralizante 
                              perenne por dentro/
envasado al vacío en un cuerpo sin futuro.
           Psicológica y física-mente.../“patato”.
Y no espero nada, ninguna otra cosa tuya ni Suya...
Tan sólo que seáis un poco más condescendientes
y yo agradecido.

¿Qué milagro/desperdicio de uno se puede hacer ahora/
a estas alturas, hacia la eternidad de lo oscuro?
¿A qué me fuerzas Señor...? Soy tu siervo.
¿A que fuera un animal menos austero/usurero... deprimido
mientras veo como te alejas 
y la dejas a ella/la fatalidad más extrema, 
que me devore
                   como si fuera una alimaña?

¡Me relacione o no... existo, ¿verdad...?!
¿Dime?, ¿de qué sirve
esa insignificante soledad que te perturba haga sólo mía
temperada, pobre y sin agallas
cuando el resto/
grueso de las soledades en la espiral de lo infinito  
             -ataviadas con sus mejores galas-
                                   nos espera y acechan?

-¿Eso significa acaso que hemos terminado...?

Contigo puede...

¡Qué ganas tengo Señor/de no hacer nada!

¡Qué ganas tengo Señor/de no hacer nada! xxx
Ufffff...
      qué ganas tengo.

¿Habrá algo más terrorífico que eso?
                 unas ganas insaciables del tipo que sean,
                              ingobernables/inagotables
acaparadoras de ipso facto, que te hagan presa/pis al instante.

¡Pero qué ganas tengo de no hacer nada, por Dios!
                              ¡Qué ganas tengo...!

Y desde el ático de la nada
contemplar el cielo fuera de la presión de las tareas cotidianas.
                 Fugitivo precoz/a priori, de ante mano 
                                 para lo que he sido creado,
y no hacer salvo lo que me guste
necesite o recree mi instinto/explosivos del ser en fiesta...

¡Qué ganas más hermosas y lindas tengo!
                            babeo con sólo pensarlo.
Desahuciado/vacío de cuantas manivelas/prisas nos meten por el culo
o vienen infiltradas,
camufladas hasta nuestra reconvertible ignorancia.

¡Pero qué ganas tengo de no hacer nada!
Unas ganas tremendas, 
                 -todo el rato- casi tanto que me ahogan/asfixian-.

Me gustaría que no se quedase aquí, sólo en estas líneas...
este canto de sirena a la desgana.
Quiero hacerlo presente/
               patente, real, viral, vital, virtual,
                              el no hacer...
el descansar y “tirarme/tumbarme a la bartola”.

¡Sí!, qué felices seríamos entonces...
             cada uno de los míos tomándose un café al fresco 
o viendo la tele, mirando la gente pasar, 
comiendo hasta reventar: dulces
helados de chocolate,
                         verduras, carne, pan, conejo de campo...
Y no importarnos nada... ni las noticias,
ni el dolor, ni el puto intermedio de seis minutos de media.

Nada, solos la nada y tú cogidos de la mano
                                    enganchados del brazo
y que se jodan los que nos enseñaron a morir
de esa manera tan indigna...                 siempre trabajando,
haciendo continuamente cosas... por no sé qué causa.

Dicen que para nuestra salvación/realización personal
que nos hará libres... ¿De qué coño hablan?

¡No, mil veces no!

Porque ya he perdido el rumbo/horizonte de la razón
        con tanta mierda, basuras que han vertido
                                  encima de mi alma... Acomplejada
ahora sin atender ni saber a quién escuchar... ni adónde ir.

¡Qué ganas tengo Señor,
                    de no hacer absoluta-mente nada...!
Y de coger mi corazón en un hatillo y viajar 
por el mundo real o de las ideas 
imaginando
vagabundo/bandolero...
-¡Pero si ya no puedes ni con tu sombra, criatura!

Por eso, ahora que no puedo.
Deja que sea yo el que se descubra -todo educado/el tatuje-
                           para cederle paso a la muerte...
Y no que me empujen con sus prisas endiabladas/los indeseables
medios de comunicación/toxinas de reproducción asistida al cerebro
bulbo raquídeo, testículos o varios.
Adyectas/directas a la sangre que las reparte por todo mi cuerpo
envenenando el sentido de la vida, ya cautivo
atrapado por los cuernos
camino del matadero...

¿Y las ganas esas en qué quedan? de las que hablabas antes...
Está bien claro, te estoy pidiendo que me dejes en paz
de una vez
quiero reposar el sueño. ¿Es que no te enteras?
-¿Apago la luz?
Apágala.


 

Soy tan vago,

Soy tan vago, In sólidum (“Por completo”)   xx?
que me pasaría la vida contemplando el paisaje
en silencio desde lo alto de un cerro
o en la gran ciudad...
Observando el trasiego de gentes
desde la terraza de algún bar, heladería
o desde cualquier banco de barrio/vía pública.
-Cuenta con mi espada- 

Y no sintiéndome así satisfecho
volver al mismo lugar/sitio, con sigilo
cuantas veces me plazca,
para ver deslizarse desnudo del ridículo
al mundo por completo
en esta su tela de araña...
-Me aburre que ardas tan a menudo en esa marmita de Obélix,
te conviertes en un autómata, ¡querubín! 

Me gusta ver, ”jipilar”/espiar cómo se hace/
cobra forma los paseos/andares del tiempo
en las caras de la gente.
Y esperar, siempre esperar
a que pase, desenvuelva/desmadeje y se rebobine
una y otra vez desde cualquier rincón
esa la atmósfera humana.
Burbuja en la que flotamos,
pompa de jabón de canuto en la boca 
de algún niño dios...
-¡Uy!

Me gusta seguirle el rastro a los relojes de mi vida, 
espejos andantes/anuncios colgados de los hombros
con el que me cruzo viéndome viandante igual que él.
Vendiéndome con sus dibujos/palabras a la chepa
el homónimo homínido del que soy parte
a cualquier esfera digital en el tiempo...
O en cualquier aguja delgada larga o corta
con sus putas lanzas de asalto/saltando
como latido mortal entre sus sombras.
Escondido trás los números
y esos puntos suspensivos/raya discontinua
eterno de la rueca.
-"¡No limes!"

En casa también observo el paisaje recalcitrante
del hogar -dulce hogar-
y me pauto/pauso en su interiorismo 
y observo las figuras.

Dando una vuelta de campana con los ojos
haciendo el pino...
Miro el techo imaginativo/enigmático/
translúcido...
las cortinas,
la tele,
las ventanas...

Presto especial atención 
al murmullo de la calle que escala
asomada al balcón
como el Santa Claus ese de moda casi cayendo.

Se escucha el zureo de coches
los golpes de la fregaza de cepillos
y el motor atronador 
de las máquinas de la limpieza urbana
retumbando entre los edificios...

Los cisnes…
los perros y los críos del parque,
la fuente en cascada libre interminable/
intermitente por los golpes de viento.
Con sus tres copas de cemento armado
convidando al césped con su cortina 
de pequeñas gotas -desmenuzados
cristales brillantes-
meado por unos, y acariciado por otros
después...
-Un asco, sí.

La cisterna incansable con su gorgoteo...
Esa pitada sutil del impaciente,
la explosión del arranque del calentador,
el chorro del grifo,
el portazo de alguno de los vecinos,
las voces por el hueco de la escalera.
Y me pregunto...
¿Qué falta me/nos hace todo esto...?

Rendido/acorralado por los ruidos de dentro/
más dentro/mar adentro y los de fuera tan cerca...
Sin respuestas me echo/tiro en el sofá
otra vez a la conquista del desalmado/
abatido.
Sin resistirme a otra siesta,
esta creo que la segunda del borrego...

Acomodándome hacia el lado opuesto
porque la espalda me cruje a rabiar...
La cabeza, los ojos,
el corazón, el pecho, el alma de la respiración,
todos le siguen en fila al paredón del dolor...
Hasta las púas del Cristo de plástico
que hay/tengo pegado en metacrilato
en la habitación de matrimonio
sobre una leja.
-Que por cierto- más de una vez se ha despegado
como si intentara/quisiera huir, no se...
pero como soy tan supersticioso.
-¡No la pagues con Él... ¡De verdad!
¡Qué no tiene la culpa de nada!

-Ahora cuando no hay madera me 
echo mano a los huevos
o le toco el ratón a mi mujer...
Confiado/ahuyentando así la mala suerte-.

Me debilito/deleito/saboreo con todo 
cuanto me rodea
una vez convencido/caído en el tazón
del hueso de la razón.
Sopeso/cepos que pongo por doquier
para conseguir la presa...
Al son de unas castañuelas de gitana, 
por ejemplo.

Me detengo firme y sigo con el repaso, 
ahora miro el cuadro del jarrón premiado 
para siempre,
que nos hizo viajar a Córdoba
y conocer la Mezquita y su rabo de toro...
-¡Qué rico!

O esa Goleta de cristal de los dos amigos/por la boda
enfundada en su cilíndrica cavidad.
Fantasea peregrina al cortejar/contarme sus batallas
sin que pueda/haya navegado alguna vez,
pero en sus reflejos lo parece.
-¡Ya...!

El búcaro/trofeo de Cuenca, como un pene gigante de barro,
igual que sus casas colgantes/huevos cuadrados de madera
ahora convertidos en museo.
Y la estupenda Leonor de Aquitania
frente a la hoz del Júcar,
en la que nos hospedaron a ciegas
en un ático sin salida/ni vistas...
Porque no aparecíamos entre los invitados.
Y su pobre catedral, demasiado sobria/sólo piedras...
-¡Es posible!

Miro el suelo/al rodapié lleno de restregones/
caras abstractas...
La pared sucia/turbia,  con sus motitas
de sudor del tiempo.
Los cuadros se inclinan torcidos.
Un pelotón de fotos que te dispara
con el rostro de cada uno de sus personajes
-que ya son historia-, pero te dan de lleno.
¡Apuntan bien los cabrones, ¡Bang!
Los libros apilados de cualquier forma/manera,
-qué pacientes son- 
¡Lo que he leído y olvidado de/en ellos!
Esperándome, o tal vez que los queme, no sé.

Veo los cables de los aparatos del internet, la tv, la play,
-no me puedo imaginar lo que ocurre/corre por su sangre...-
Los diminutos “ojichos” verdes manzana, azules 
y el blanco parpadeando,
en rojo los fijos...

Y el sol entrando/clareando la mañana
con su bola de fuego invertido/hirviendo sobre los tejados.
Al trasluz parece que se evaporaran...
Y la calma/camada de/en algún instante
haciéndose también eco de la situación
de todo cuanto discurre por esta horizontal crítica 
de la Torre de Babel.

El toldo verde esperanza con rayas blancas
a la espera de que lo despliegue.
Las macetas que ya no tenemos...
Los fulanos/foráneos del anfiteatro de los pisos de al lado
o los de enfrente en sus guaridas
como las viñetas del TBO
asomados cuán cangrejos ermitaños.
Desde su roca/ladrillo/manzana/mazmorra/colmena/
balcón/terraza/nudo de la horca/orca/foca/
león marino de/entre sus mandíbulas
sin que puedan salir ni escapar...
-¿¡Quién anotó el gol!?
No sé, parece que fue en propia puerta.

Las ovejas/abejas/borregos/hormigas
pululando por las baldosas/aceras bien anchas
con sus moreras llenas de pulgón blanco en los tallos tiernos.
El llanto del niño insondable/inconsolable,
los gritos de algún pajolero/impertinente o el del afilador
-sonido entrañable para mi hijo D-.

Y la cadena de ruidos de nuevo, -que se me había olvidado-
¡Otra vez no, por el amor de Dios...!
Juntos los de aquí, los de allí.

El ascensor/las merlas/los vencejos con sus chillidos
como cazas serpenteando/salvando los muros de ladrillo rojo.
Las tórtolas con su lamento, ¡uu...u, uuu u...!
La puerta del garaje,
la de la entrada,
el camión de la basura,
el mismo ruido de todas las mañanas
días, tardes, noches/vida.

Y yo tirado a lo romano
pasándoseme por el melón tantas cosas/palomas...
que si no las anillo/pillo/apilo
-a no ser que las escriba-
se me escapan “envainás” en sus pepitas de oro,
pupilas, tripas de la neurona... 
en “na”.

Debo coger el boli o el portátil
y hacerlas realidad/visibles/tangibles...
para que vean/contemplen todo esto.
Ustedes que no están aquí
señores del más allá/lado/lodo/gloria/templo.
Y el yo del después... que tb se lo merece.

-¡Si tú lo dices!
¿Pero a quién le puede importar una leche
todo esto?
¿Y a qué distancia?
¡Sobrecogedor...!
[Nihil novi sub sole (“Nada nuevo bajo el sol”)].

Ahora que me leo, mientras lo escribo,
creo ver en el nacimiento mágico de las palabras
el resurgir de lo oculto/enmascarado
con los golpes/clic/estopín del arma, alma asesina...
casi como si me lo supiera de memoria.

Igual me pasa con la pintura o cuando dibujo.
Con cualquier actividad creativa a rienda suelta.
Por eso creo que todo esto ya ha pasado,
porque me lo sé.
De verdad, todo esto ya estaba, yo sólo vine de visita.
Esto ya se encontraba aquí/por algún sitio...
antes de que llegara yo.

¡Pero qué gandul/holgazán! sigo en el "erre que erre" 
Me dejo llevar por el trazado/tramando, 
de lo que tantas veces he hecho, dicho ya 
anterior, en/a mi mente.

Puto cabrón/pura repetición... versión cover de mí mismo.
Ya sea en ayunas o a palo seco a reventar/ "empachao"/empalmado…
–como viene siendo habitual, más de lo común-

Pero en este caso
hay que sumarle que el titular de la noticia
no está para mucha caña/broma/tonterias...
-¡Ten cuidado!
Ya desciende de su pedestal.

Y la nada, esa nada divina señora
con su manto/veneno/movimiento o desinterés...
En la lenta/pausada/caótica/agónica traslación/
rotación sobre su eje, en una catarsis/
crisis permanente ante el aguijón de la añoranza
puesta al servicio del depredador desheredado.

El cuerpo insobornable soportando sus latidos
sintiendo el mazo pilón de su raza.
Porque te das cuenta de que existes
y cobras conciencia de ello.
Sin flautista que te la mantenga tiesa...
la culebra/serpiente del pensamiento.

Beno, tienes un buen salario...
Inter alia (“Entre otras cosas”).
¿O no?... -Me digo.

Correspondiéndolos con tus letras/plegarias
convergen en ti los estivadores del momento.
Difícil de separar uña y carne, día y luz.
Entonces, ser y no ser confundidos en la locura
del encarcelado como el Marqués de Sade
se ha dado a la pornografía fácil,
al erotismo ilustrado...

Y te vas tomando un respiro/salivas...
vuelves/sin vacuna para la rabia.
Más que nunca, otra vez desvariando
por el andamio/ánimo de tu reconstrucción
repatriado/circundando tu órbita de orines
que ya no puedes lanzar lejos...
Fuera de tus cables/cabales, ya casi robot difunto 
chorreando en el charco de los fluidos 
de la inconsciencia.

Y esa voz veloz del ofuscamiento
que te lame/hace temblar entre los pétalos
dedos de sus cosquillas, dados del azar.
Poniente/penitente en su ciclo de cilicios...
-escupitajo al cielo que te lo devuelve a la cara-
-¡Ofrezcámoslo virgen al monstruo/unicornio…!
¡Date prisa!

Ya ves,
la mente calentando a la taquillera/respuestas
con la mano metida entre sus faldas
en esta tranquila tarde de un vulgar domingo.

Y yo,
encima de lo cansado que estoy
plegando/envolviendo el día 
en/con su contexto/rastrero recuerdo aún vivo.
Porque me veo en la obligación
como quién se abanica y no quiere la cosa
o se da la media vuelta...
Igual que cuando San Lorenzo le pedía al verdugo
que lo volteara...
-porque ya estaba a punto/hecho-
-¡Vaya!
Oki…

Y la nada, otra vez la nada aquí
echando cuerpo/un polvo...
Dando a luz otro día con nombre y apellidos
Y esa angustia en suspensión respirándote,
muescas en el revolver de un esquelético mercenario/
asesino barato/varado, de pacotilla
con la pistola de fulminantes/balas
de perdigón/fogueo ya humedecidas
de tanto llorisqueo revenidas...
En la caja del tesoro del zagal
que soñaba con ser Tarzán o Billy el crío.
-¡Genial!

Miro a mi alrededor y sigo en el salón
Y no el de Kansas City ni en el Valle de los cocodrilos...
Con la persiana, sesos cruzados,
peinados con la raya en medio de ninguna parte.
Y el espíritu santo en forma
de rata de laboratorio con el pelo blanco,
de ojos rojos como rubíes o negros obsidiana
-según por donde los mires-
Como guindas/cereza en almíbar/coronando el pastel
de la muerte que se avecina...

Saliéndose de la parábola del hijo pródigo
con los electrodos clavados en el cráneo afeitado/rapado
de un gorrión/gorrón/”trenzudo”...
echando un vale debajo del “tambaliche” del hogar
en la puerta de atrás del patio 
con el parral/jardín del desasosiego
en el acá del allá de Démian 
      el de los tres seises invertidos.
-[¡Cool! (“Guay, chulo”)]...

Mientras el juicio del abejorro
busca el ojo de la caña cortada del sombraje
con el vaso de Sócrates en una mano
y la espada de Damocles/Dante y su Divina Comedia,
el Quijote y Hamlet en la otra
-como si fuera a prestar juramento alguno-
Con su ángel dormido/
y el demonio de la guarda tampoco.
De tanto por culo que les das...
Apostando en el callejón con los Peaky Blinders
tu resurrección...
-¡Pues sí que estamos bien!
¡Vale que te calmas!

Y la nada, siempre la nada.
Otra vez aquí, junto a mí...
pidiendome un autógrafo por el libro
que acabo de escribir/publicar.
-porque esto no es un poeman, no señor-
A punto de chisparse o ya borracha
que me da igual, ¡joder!

Ya son muchas/miles, cientos de miles...
esto no hay quién lo pare/aguante/entienda.
[¡Ecué-Yamba-Ó! («Loado sea Dios»]...
-¡Mira que lo vas a nombrar/repetir, lo de Dios!

Y eso es todo colega-
en este exacto/preciso instante/momento…
-¡Uffffff, por fin, por fin...!

¿Te acuerdas de la vieja baraja de cartas?
-¡No jodas, todavía sigues...!

Esa que ves buscando otras cosas en el cajón.
Pues así, con ese olor a rancio, sucio, gastado
viejo y doblado/viciado, sin brillo...
-ese soy yo-.
Y te acuerdas/las añoras de verdad, esas partidas de antes.../
de cuando estaban nuevas y las abrías para estrenarlas
con su olor a la gráfica/tinta/papel satinado
y las imágenes impolutas...

Y quieres volver y jugar con todos ell@s,
con los que te encontrabas/eras tan feliz, relajado
como si el mundo no existiera a tus pies/ni sobre tu cabeza.
Y ahora empiezas otra partida pero esta vez
repartiendo cartas por la izquierda
a ver si ganaras...

Y el Universo girando alrededor de la mesa...
en la misma tabla de la multiplicación del pan y de los peces
del vino y de la carne/sangre del que no volverá...

Y su lamento para siempre, todavía oyéndose
porque están triunfantes/se ven ganadores
con el cubata en la mano...
Así empezó todo, con una mala interpretación...

Sigo en el salón, ya me queda poco para irme a la cama
-si consigo llegar a tiempo-
Porque ya se está dado la vuelta el día
y parece que nada vaya a cambiar...

Sigo siendo un vampiro conmigo mismo,
a la luz de los hechos me remito y desintegro.
Por eso me gusta tanto la oscuridad.
Y las nubes/la lluvia...
Ciao/bye.

-Y yo aquí... guardándote/haciéndote vela
más que agotado...

Ya que estás ahí...¡pichón!
¿Me puedes traer un vaso de agua?
Y recoge la casa, que lo pones todo "perdio"/
lleno de líos cada vez que haces algo...

La tapadera de la noche es blanco sucio

La tapadera de la noche es blanco sucio   xx?
la del día naranja brillante/deslumbradora,
no sé por cuál de las dos me puedo ir/
voy a escapar...
Tendré que dibujar otro agujero/alguna salida
porque ya va amaneciendo y sigo sin decidirme.

Me despierto con el pijama del diablo puesto del revés,
embrollado entre las sábanas de calor
y el agobio del nuevo día que entra por la ventana
como un ladrón al que no se puede detener...

Me falta hechura/"companaje", alguna molla/chicha
y me acurruco/ovillo
recogiendo las extremidades/extremaunción.
Huelen a excremento/tufos del cuerpo
aliento/sudor, con la cabeza llena de caspa
y grasa tiznando la pobre almohada...

En la tienda de campaña de la habitación
escenifico sobre la cama mi obra maestra
repasando el nudo/nulo contraste 
con cualquiera de mis viejos sueños
y su devota omisión en rescatarme de esta isla
con las hogueras de la desidia
en cólera viva...

Un ruidillo de ratón que no es de consola
campa angustiado a intermitente/inerte
mientras roe los nervios/tentáculos del tonto del culo
picudo de palmera/tallo del imbécil que soy...

No sabes dónde está ni de donde procede
sólo escuchas su hambre atroz que te devora,
ese lamento rascando el hueso seco de tu cráneo...
Ruido a coro con el de tus tripas vacías 
arrastrando muebles inútiles por el cielo de tus intestinos 
asustando al pobre roedor...

Puede que ande/corra sobre el armario
donde guardas la ropa
disfraces para la función de cada día.
O debajo de la ventana atraído por la luz esclarecedora
por donde escapa tu aroma/reflujo, aura del ánimo.
O detrás de la puerta esperando que salgas/
huyas, te vayas y qué no vuelvas
ni lo asustes más...
O debajo de la cama sencillamente temeroso/temblando
a punto de estallar su pobre/diminuto corazón de porcelana
con alambres y plásticos injertado 
abriéndole troneras a lo no consciente/cautivo
en la Santa Trinidad de los Trinitarios...

En ese lugar/parrilla de San Lorenzo
en la que intentabas reconciliar/plegar/recoger velas
y tomar en brazos la nave nodriza de tu perpetuo aullido.
Naufragio sin negro ni barco encallado a la vista
que te ayude en tu salvaje/asesina salvación...

No puedo dormir,
creo que voy a dar una vuelta hasta la cocina
a echarle algo al estómago a ver si esto cambia.
O darme una ducha, o una vuelta por los alrededores
ale-daños/vampíricos/górgolas del edificio
como Cauasimodo en Notre Dame...

Pero primero voy a ir al aseo.
¡Sí, eso voy a hacer!
Es la primera prisa irremediable de la que no es preciso
escoger/correr ni escapar...
Evacuas tus inmundicias 
porque el resto no hay dios que las saque/cague
salvo por tu boca y estos dedos que taladran el teclado.

A lo que íbamos...
creo que me perdí por el aseo, sí.
Un sillón blanco, un ataúd también blanco
con forma de bañera de hospital del siglo XIX,
y el pequeño taburete de no sé qué...
El armario/mago de la restauración
al que le tiro de las orejas y le hago poses
jugando con las ventanitas de espejos.
¡Pero qué tonto más mono que soy, Señor!

Estoy desnudo de cintura para arriba
y suspenso de cintura para abajo;
como todos los finales de temporada/cursos...
No soporto el comienzo en un mes de septiembre
sin exámenes. 
Estaba tan acostumbrado...
Era el broche de oro al cálido/cándido,
tierno y por aquel entonces desgarrador 
final del verano.
Pereza/hastío, tropezones de papilla, 
sémola para bebé.
Se me hace la carne brumos
cada vez que lo pienso...

Me sacudo/despego el reloj de la muñeca,
-¡qué hartazón!-
ajustado por el sudor frio o lo que sea,
igual que se descalza uno de un puntapié.
...Pero sólo ha descendido hasta el muñón/
nudo de huesos atrancado con la pulsera de la sombra
del sol de ayer.
Casi no veo nada, cegado al alzar la vista.
Le he dado un golpe sin querer
y se ha roto su corona de santo...
Todo se ve más claro/mejor que mejor.
Prueba a romper el tuyo  -te digo 
verás qué claridad, 
y si no andara, especial...

Un chorro en forma de gotas de lava/líquido rojo
descienden castigadas/sedientas de actividad,
cansadas de la esclavitud/ataúd de mi cuerpo.
Se han salido/huido porque no aguantan más
y han aprovechado el corte para hacer algo de provecho.
Correr por el espacio sideral de la piel
con sus microorganismos/mudo mundo 
de sus perplejos/continuados traslados
por el baipás hasta el infierno
al que le pertenecen...

Delante veo/estoy viendo al de todos los días...
Mi película en pequeño formato
y lo reconozco, pues claro que sí:
ese soy yo.
Nada guapo, aunque alguna vez me lo imaginara.
Las arrugas pliegan algo que se estira/descuelga
como un fuelle/muelle de carga/cagá
de la mula de campaña/zoquete de infantería
en el que me estoy convirtiendo...

Es el cuello, mí querido y necesitado cuello,
desde la barba como si estiraras la lona
entre los cuatro palos, mentón/quijada/orejas/nuez
que todavía asoman de su vergüenza.
El pelo quebradizo como goma reseca.
La media docena de lagunas a ambos lados de la cara 
con nieves de futuro y lo pasado...
Mientras me trago el primer lapo/sapo de la mañana 
con hueso incluido.

Con el cambio de peso han aparecido nuevos relieves,
rivales/rostro oculto hasta hoy... 
Casi no me reconozco.
¡Qué valor!
Cada vez me sorprendo más y soporto menos,
así... de continúo
igual que cuando suspiro se hincha la barriga 
y no el pecho.
Me mire cuando/como me mire, y a la hora que sea
me tengo "aborrecio".
Si no fuera porque no puede ser otro 
el que está ahí frente a mí
juraría que no sé de quién se trata...

El espejo me vomita, me ha devuelto la imagen.
No, no quiero envejecer/convertirme en viejo,
ser un viejo ¡Qué horror! 
No me gusta la palabra, es tan tétrica.
Tal vez, transformado en mayor
quedaría bien...
¿A quién pretendo engañar, si todavía tengo ojos?

Parece que me llaman, pero me da igual.
Se ha debido notar el ruido que estoy haciendo,
pero hasta mi nombre sueña/
señala extraño/suena raro...

Menuda paradoja.
La noche con sus miedos abominables
metidos hasta el bazo jadeando
-áspera lengua de gato-.
Y el despuntar el día/clarear con su gesto nuevo
ese olor a gel de ducha/lucha por todo el cuerpo...
¡Ufffff! ¡No puedo más!

No me importa ni me preocupa 
si lloriqueo tan a menudo.
-No te alarmes por mí...-
Es para mantener a punto las tuberías/lagrimal,
para que no se atoren las filtraciones/congojas
ni se vayan/desborden por las fisuras/grietas.
Por esos nuevos surcos y ramblas
por los que ya van sabiendo discurrir y conocen bien,
íntimamente en mí su retiro/zambullido de piscina
a lo David Honeik.

Exquisitez cabezona en su regazo 
de la atrayente perdida juventud...
Mientras nado hacia el vacío lleno de una muerte segura, 
como la tuya
y las transparencias del agua cuarteando la realidad 
de su verdad oculta deformando/atrofiado 
hasta la saciedad el cuerpo del delito
junto al miedo de su desnudez
y la aleta del escualo cada vez más cerca...

Que sepas, y te sirva de ayuda para cubicarme
que sé como comprenderme y creérmelo
al poco del inmediato después
por la necesidad animal que impera en el instinto
de conservación de la especie...

Debes saber, que me crezco con/en el dolor
como la misericordia de un convento atrae
al pobre indigente/feligrés...
Porque ya casi me voy comprendiendo/correspondido
en el convencimiento de mi no vuelta atrás...
Estudiante a penas, cerca de los sesenta cursos ya repetidos,
los que llevo a cuestas en este mi libro de notas
para guia turística del desquiciado...
Y también sé que el adiós/jabón en los ojos escuece.
¿Verdad que sí?

-¡Cómo a todo el mundo...!
Ya, pero eso particularmente a mí no me cuela/consuela,
yo querría vivir toda la vida.

Hoy al levantarme

Hoy al levantarme                 xx
me ha distraído sobremanera  
el inquietante ritmo del pulsómetro,
como si jugara al escondite entre sístole y diástole.

El no mecano continúa lleno de soplos,
chivatazos dirigidos hasta mi oído interno
de lo que está tramando el condenado...
Llegan a todas partes/costuras, sitios de mi cuerpo
haciendo que se estremezca la piel del gallina
con sus quejas tan repetitivas y aburridas charlas,
cotilleos, soliloquios
empujoncitos, toques de desatención.
¡Menudo cabronazo!

Error/terror, disparidad, soberbia, 
colapso, espabile, nulidad...
¿Por qué siempre atina la piedra arrojada
en el mismísimo centro de la diana del estanque?

He bajado a la playa/barajado oteando bien el horizonte
por lo de la chica desnuda y eso.
Sí, el panorama del nuevo día en el poema aquel.

Iba andando/jugueteando, pisando la nueva hilera de huellas
-pespuntes en la arena de alguna pareja/
aguja de coser bípeda-
y también otras que parecían más antiguas.
Tal vez las de ayer,
que nada ni nadie ha podido borrar
ni esa marea que todo lo emborracha medio loca...

No veo ni rastro de animal/ser viviente o cosa
por donde paseo...
Tampoco sé si soy yo este que está aquí o fuera de ese. 
O nadie, el que se hunde en la arena...
Parece mi número de pie, voy a probar.
Sí, no coge/cabe duda, soy yo.
No hay otro con el talón tan ancho
ni el dedo gordo tan gordo/Frodo.

Lenta/sin lamentos, disculpada 
se ha ido bufando una manta/colchón de algas muertas 
como sanguijuelas, lombrices gigantes, 
cintas de la fiesta negra
podridas.
Llenas de pulgones/plagas marinas 
y no sólo de las mías...
Pegándose desde el muslo a las pantorrillas. 
Desconectada/desconcertante, descalza desolación
como un cachorro de hombre pidiendo que lo tome su papá
para escapar de allí...

Las he atravesado sin la camiseta acercándome a la roca
donde casi ninguna/rara vez me siento a descansar.
Ya me estaban poniendo nervioso, entre los dedos,
o por los flancos esas cosquillas que arañan/pinchan
difíciles de despegar.
Salvo por el golpe brusco de alguna ola.

Son tan insignificantes algunas de las jodidas
como hilillos/brozas, minúsculas fibras pica pica
que terminan convertidas en bolas
con las que juegan los perros, los niños, las olas aburridas
o los que no tienen otra cosa que hacer.
¿Qué buscaban?

El sol aprieta/calienta de lo lindo, está muy agresivo.
La punzante sal como lija sobre mis hombros/escombros
hace que vea las estrellas al ponerme de nuevo la ropa
camuflaje del espantapájaros viviente del que vengo
haciendo gala...

¿Qué me está pasando?
Vaya por donde eche, haga lo que ocurra
todo me parece/sienta/tienta/sabe mal;
semblante triste de orfanato,
angustias de repetición, depresión convulsiva,
dispersión degenerativa, toda una caterva
de pestes de roña.

Te adoptas/adaptas, te vas dando un repaso por la cabeza
a través del parámetro/parentesco, similitudes
con las superficies por las que cruzas
y que te afloran con su reflejo en el agua del mal/mar
de las que huyes como las olas/horas que te buscan incansables...
Y lo celebran al ver como te alejas o huyes
siniestro, cautelosamente fugitivo y errante
sin descanso. 
Destartalado de agudez obtuso
hecho un cromo de desatinos.

Te contemplas/complaces sin piedad,
pero nada cambia
aunque te lo propongas una y otra vez/a cada instante.
Sí, en algún lugar/parte seguro que te has transformado
pero todavía no lo sabes ni te ha llegado su onda.
Y vuelta al principio de la ponderación
lamiendo, tragando el gas sulfuroso de tu resaca 
que mana del abismo de empezar a verlo todo 
siempre desde abajo.
Otra vez sólo con el descrédito de tu hastío, 
otra vez sólo natural-mente O'Sullivan.
Pero ya te vas conociendo "pillín"
           y no te pilla por sorpresa...

Ya estoy de nuevo en casa
y no recuerdo nada de por donde he pasado 
desde que empecé a divagar.
Ahora salgo a hacer la compra/la prensa, 
revistas, el pan, 
algo para el desayuno.

Cumples con el orden establecido,
abdicación incondicional a la lista...
Voy por las baldosas de la acera
a lo/como Jack Nicholson en “Mejor imposible”.
El asfalto oliendo como él sólo sabe/rezumando
junto a los árboles recién plantados, regados, podados.
Cruzándote con los fantasmas de todos los años
alguno en su ausencia denota/detona en mí su recuerdo.
Igual que les habría pasado a ellos conmigo
de no haber superado la crisis
del último verano cuando ya se terminaba agosto...

Después del paseo, y de la ligera compra
y de los aturdidores pensamientos  
y del baño matutino, con ese fresco esperanzador
remojando tus pellejos,
voy recordando la vuelta que hice por las escaleras de piedra.
Había un insecto con sus alas/palas de tijera rondando
sobre el fiambre olvidado/dejado por los corros/
cachorros de jóvenes de la noche anterior.
El gato/gasto curioso y atento disimulando perfectamente
desde la ventana/bolsillo del pantalón entre las macetas
de la vecindad/banalidades 
del más o menos poder adquisitivo...

Entro ante la bocanada de aire fresco del hogar,
todavía todos dormidos...
La nevera con el congelador al máximo, zumbando/
retumbando como si fuera a despegar.
Las camas sin hacer, el cielo azul y la arena 
que vino pegada en el calzado de alguno de madrugada
con sus montoncitos a punto de resbalar... 

Setos de pelusa deambulan con la corriente
igual que las matas de una peli de vaqueros...
Las paredes con la humedad y sus bigotes blancos/salitres
más allá de las ingles.
La gente que resucita de su letargo nocturno dando la nota.
Síntomas de haberse puesto en marcha, como cada día,
en la lucidez de la rutina/cadena de montaje de las tareas.
Por la galería del patio/tragaluz navegan sus voces
entre la ropa/pinzas que se caen 
y las cuerdas de tender que chirrían.

Son las de siempre, pero hoy están como nunca:
portazos, golpes en la escalera/ladridos, canto, tv, radio,
trinos/fritos, lavadoras…
Ni el Santo Job, ni el santo Ufffff.

Que sepas que en la foto/fotos de las que elijo/
escojo para enseñarte
no he salido ni salgo demasiado favorecido.
Pero me gustan como ejemplos de lo que debe/
debería o no pudiera haber sido  
el ser cómplice uno de su compinche
consigomismo...

Y me complace leerlo después por si le puedo sacar punta
o añadir alguna coma, algún pero/pedo reventón/reglón 
o tirarle/echarle un filetito/
mendrugo más a ese perro/cerdo hambriento,
sin más agua ni sed que la propia de su cuadra.

Que si en alguna no me parezco/reconoces
es porque ese no soy yo.
¡Para nada!, que lo sepas...
-Tú verás lo que haces/hacemos con todo este lío, tío...

Tú sobras, ¡y te callas! ¿Lo sabes?
¿El porqué? 
Mejor te lo cuento luego que ahora
cuando sume las restas en positivo.
¡Pero lo sabrás en poco tiempo!
¡Te lo aseguro!

-La cuestión es no salir siempre del nunca de lo mismo...
¡Qué barbaridad!