Recogiendo…

Recogiendo...         x?
del día la luz,
del sol su calor,
del cielo el corazón,
de la noche la ilusión.

De la mañana, al verte,
un deleitado atracón
que se inmola en la trastienda
de las ganas sin freno/
               sin compasión.

Sólo de empeño y desazón.
Con el espíritu alado
de saborearte sin remedio/
               sin perdón...
cuando te pille,
donde te coja,
aunque sea boca abajo.

En el portal,
en la escalera,
en el cine de tus ganas,
en la pantalla del adiós,
por la calle de las mentiras...
en la atracción favorita de la imaginación,
entre esas nubes grises juguetonas
que se cierran eclipsándonos
y nos dejan sin ver el sol.
Sólo el deseo desnudándose
-en cueros vivos- entre tú y yo.

-¡Pues bueno...!
Demasiado ripio/rápido, 
          -si fueras así con todo...-.



Hola cariño…

Hola cariño...         x+
encanto de día,
cobijo gris azul
   /amante tardía.

Cariño de querer,
desear para poder
/vencer para ganar,
...vivir para volar.

Tu imagen,
rica piel...
se engancha en la mía
entre acto y escena
como las conchas en la arena.

Hablaba del día,
del tiempo,
de una mujer
¡¿Y yo qué sé...?!

Estoy "volao"
como los rezos en el Sagrario,
como el prepucio de un borracho,
como la espuma de la fe.

Cuanto rollo "pa ná".
No sé ni lo que escribo...
y el relevo se ha dormido
   en la garita del ayer. 

Qué angustia de día feliz...
Sólo los idiotas
se dan siempre por satisfechos.

Quiero escribirte

Quiero escribirte          x?
con la sangre de mi agonía,
sentado en el retrete de la vida,
tabicado de encefálicas ironías
que tiran del paquete esquelético de mi cuerpo
             hacia la más oscura alcantarilla.

Quiero escribirte y sobre todo dedicarte
el más íntimo de mis alientos...
ese que empaña cristales y pellejos secos,
diabólico ridículo de pendón fétido.

Quiero escribirte entre zarzas de oro
con atrayentes suspiros de luto goloso...
para engancharte en el aluvión de un soplo,
preñando la taza de ti, donde me escondo.

Quiero escribirte, meditabundo y sobrio,
desde los jardines celestes, -recova de mis muertes-
buscándote perdido todos los días que no vienes,
asegurándome gozoso, de que no me encuentres.


Me duelen las puntas de los dedos…

Me duelen las puntas de los dedos...           xx
La costura de los bolsillos de los tejanos 
aprietan mis manos,
los clavan en las ingles 
          hasta el apéndice/bazo.

Tengo tanto frío esta noche
que los pies son como guarismos de penado,
paseando sus zapatos de goma congelada
por el corredor de la muerte...

Ya, el filo de las baldosas y las esquinas
parecen nuevas trincheras
en este drama/ejército/ejercicio de penas.
Casi me resbalo/patino, aterrizo
sin haber llegado
en cualquiera de ellas...

Tijeretas de vapor de amor
redoblan mi dolor
en este padre nuestro rancio.
Escarabajos de lejía y ajo
recorren las vías venéreas
en la Vigilia Pascual
de este Sábado Santo...

Me duele hasta el vaho aborigen,
que sale a estampidas/encapsulado...
de tantas migrañas suicidas
que permanecían en mi pecho abrigado.

Me quedo quieto, con la venganza “envainá”
mientras un silbo me rebana la garganta,
-un dirigible sin rumbo
donde dormitaba mi alma...-.

Ya no puedo más
ese mamón estirado le gusta,
su mirada la delata.
Me voy a mi casa/muy despacio,
a ver si mañana llama...
Puede que tenga otra oportunidad
para reventar este relicario
            que nunca acaba.


Noto

Noto como otros ojos atraviesan tu coraza,     x?
otros brazos quieren vararte,
otro cuerpo quiere trincarte.
Por la senda estrecha
que nadie pase...

Y yo, aquí, a la espalda de Dios,
me atraganto en el Sagrario,
por haberte deseado y querido tanto...
sin llevarte un solo día al bancal,
al campanario o al huerto de al lado.

Soy un flanín en la barraca de un “ahogao”,
un nido de vencejo de la cántara “colgao”,
el esperma de esperanza de un eunuco “exhumao”.

Ya, las farolas que me alumbraban me estorban/
echan delante y detrás mi sombra...
Y no sé por dónde coño voy,
y van... las hijas de la gran p
                    y me asoman.

Y sigo sin ver en el reflejo de la nada
el sueño de mi otra vida.
Como si nunca hubieramos existido
               ninguno de los dos...
-Es de noche y el sol de tus ojos descansa/engaña.
Sí, será eso...

Suspiran los gozos

Suspiran los gozos            xx
por el aire que dejamos pasar
entre tu cuerpo y el mío.
Se agotan con la imagen partida
del respetuoso decoro,
cáñamo que no ardía.

Se quejan llorosos
por no haber encontrado cobijo
en las crónicas de la carne.
Se flagelan con la luz encendida
sobre el papel apuntillado
en la esquina de la mesilla.

Se derraman en la sangre
con borbotones cobardes
por no haberte dado
un solo beso palpable.

Te miré/te deseé, caminé junto a ti,
y hoy descubro a la sombra de este cáliz
que no tuve tino en dejarme ir.

Recuerdo tus gestos/tus manos,
tus ropas, tus brazos,
como andabas, tus piernas...
como mirabas, como olías,
que callabas/que decías,
como te ibas, como volvías,
siempre a mí... día tras día,
desde tu casa.
Y yo higuera de rambla,
solo, me moría.

Te dejé ilesa, cumplida y coqueta,
como llegabas a la cita de casta traviesa...
por el camino de tierra que lleva al río,
donde ahora me ahogo de tanto desatino.

Así, me debato entre juegos de profeta,
sentado en la más cómoda butaca.
Y en cada cuadrícula de tu ayer,
te poseo y me mutilo
de ventrículo a diafragma,
del Espíritu Santo/al fondo de mi alma.

Nunca podré volver y recomponer ese puzle,
porque lo que pasó... pasa.
Sólo puede uno disculparse,
pues cometí la peor de las faltas.
Ese no era yo/no estaba,
era un pobre fantasma.








Hoy, sentado

Hoy, sentado      xx+
donde tantas tardes
procuramos un ayer mejor,
cada resonancia de las canciones
golpea la raspa de mi orgullo,
los ojos parece que me escuecen...

Estas paredes me esprefollan,
tan azules, tan crueles.
La música sigue brotando.
Me hace añicos, me entristece.

Esta fiebre helada/
mofa bravata,
hace que vea fantasmas
y, en el polvo de la luz
guijarros que me clavan.

Siento tu mirada...
tus labios ausentes;
tu perfume
tus posturas
tus carnes que no vienen/
la cuna que no meces.

Esta varita mágica
trastoca mi braguero de heno,
donde los sueños de cristal
se van rompiendo...

Y, entre las virutas,
aparecen nostalgias
que se pierden como tu imagen
por el horizonte que no tengo
              ...y las quiero.