La tapadera de la noche es blanco sucio

La tapadera de la noche es blanco sucio   xx?
la del día naranja brillante/deslumbradora,
no sé por cuál de las dos me puedo ir/
voy a escapar...
Tendré que dibujar otro agujero/alguna salida
porque ya va amaneciendo y sigo sin decidirme.

Me despierto con el pijama del diablo puesto del revés,
embrollado entre las sábanas de calor
y el agobio del nuevo día que entra por la ventana
como un ladrón al que no se puede detener...

Me falta hechura/"companaje", alguna molla/chicha
y me acurruco/ovillo
recogiendo las extremidades/extremaunción.
Huelen a excremento/tufos del cuerpo
aliento/sudor, con la cabeza llena de caspa
y grasa tiznando la pobre almohada...

En la tienda de campaña de la habitación
escenifico sobre la cama mi obra maestra
repasando el nudo/nulo contraste 
con cualquiera de mis viejos sueños
y su devota omisión en rescatarme de esta isla
con las hogueras de la desidia
en cólera viva...

Un ruidillo de ratón que no es de consola
campa angustiado a intermitente/inerte
mientras roe los nervios/tentáculos del tonto del culo
picudo de palmera/tallo del imbécil que soy...

No sabes dónde está ni de donde procede
sólo escuchas su hambre atroz que te devora,
ese lamento rascando el hueso seco de tu cráneo...
Ruido a coro con el de tus tripas vacías 
arrastrando muebles inútiles por el cielo de tus intestinos 
asustando al pobre roedor...

Puede que ande/corra sobre el armario
donde guardas la ropa
disfraces para la función de cada día.
O debajo de la ventana atraído por la luz esclarecedora
por donde escapa tu aroma/reflujo, aura del ánimo.
O detrás de la puerta esperando que salgas/
huyas, te vayas y qué no vuelvas
ni lo asustes más...
O debajo de la cama sencillamente temeroso/temblando
a punto de estallar su pobre/diminuto corazón de porcelana
con alambres y plásticos injertado 
abriéndole troneras a lo no consciente/cautivo
en la Santa Trinidad de los Trinitarios...

En ese lugar/parrilla de San Lorenzo
en la que intentabas reconciliar/plegar/recoger velas
y tomar en brazos la nave nodriza de tu perpetuo aullido.
Naufragio sin negro ni barco encallado a la vista
que te ayude en tu salvaje/asesina salvación...

No puedo dormir,
creo que voy a dar una vuelta hasta la cocina
a echarle algo al estómago a ver si esto cambia.
O darme una ducha, o una vuelta por los alrededores
ale-daños/vampíricos/górgolas del edificio
como Cauasimodo en Notre Dame...

Pero primero voy a ir al aseo.
¡Sí, eso voy a hacer!
Es la primera prisa irremediable de la que no es preciso
escoger/correr ni escapar...
Evacuas tus inmundicias 
porque el resto no hay dios que las saque/cague
salvo por tu boca y estos dedos que taladran el teclado.

A lo que íbamos...
creo que me perdí por el aseo, sí.
Un sillón blanco, un ataúd también blanco
con forma de bañera de hospital del siglo XIX,
y el pequeño taburete de no sé qué...
El armario/mago de la restauración
al que le tiro de las orejas y le hago poses
jugando con las ventanitas de espejos.
¡Pero qué tonto más mono que soy, Señor!

Estoy desnudo de cintura para arriba
y suspenso de cintura para abajo;
como todos los finales de temporada/cursos...
No soporto el comienzo en un mes de septiembre
sin exámenes. 
Estaba tan acostumbrado...
Era el broche de oro al cálido/cándido,
tierno y por aquel entonces desgarrador 
final del verano.
Pereza/hastío, tropezones de papilla, 
sémola para bebé.
Se me hace la carne brumos
cada vez que lo pienso...

Me sacudo/despego el reloj de la muñeca,
-¡qué hartazón!-
ajustado por el sudor frio o lo que sea,
igual que se descalza uno de un puntapié.
...Pero sólo ha descendido hasta el muñón/
nudo de huesos atrancado con la pulsera de la sombra
del sol de ayer.
Casi no veo nada, cegado al alzar la vista.
Le he dado un golpe sin querer
y se ha roto su corona de santo...
Todo se ve más claro/mejor que mejor.
Prueba a romper el tuyo  -te digo 
verás qué claridad, 
y si no andara, especial...

Un chorro en forma de gotas de lava/líquido rojo
descienden castigadas/sedientas de actividad,
cansadas de la esclavitud/ataúd de mi cuerpo.
Se han salido/huido porque no aguantan más
y han aprovechado el corte para hacer algo de provecho.
Correr por el espacio sideral de la piel
con sus microorganismos/mudo mundo 
de sus perplejos/continuados traslados
por el baipás hasta el infierno
al que le pertenecen...

Delante veo/estoy viendo al de todos los días...
Mi película en pequeño formato
y lo reconozco, pues claro que sí:
ese soy yo.
Nada guapo, aunque alguna vez me lo imaginara.
Las arrugas pliegan algo que se estira/descuelga
como un fuelle/muelle de carga/cagá
de la mula de campaña/zoquete de infantería
en el que me estoy convirtiendo...

Es el cuello, mí querido y necesitado cuello,
desde la barba como si estiraras la lona
entre los cuatro palos, mentón/quijada/orejas/nuez
que todavía asoman de su vergüenza.
El pelo quebradizo como goma reseca.
La media docena de lagunas a ambos lados de la cara 
con nieves de futuro y lo pasado...
Mientras me trago el primer lapo/sapo de la mañana 
con hueso incluido.

Con el cambio de peso han aparecido nuevos relieves,
rivales/rostro oculto hasta hoy... 
Casi no me reconozco.
¡Qué valor!
Cada vez me sorprendo más y soporto menos,
así... de continúo
igual que cuando suspiro se hincha la barriga 
y no el pecho.
Me mire cuando/como me mire, y a la hora que sea
me tengo "aborrecio".
Si no fuera porque no puede ser otro 
el que está ahí frente a mí
juraría que no sé de quién se trata...

El espejo me vomita, me ha devuelto la imagen.
No, no quiero envejecer/convertirme en viejo,
ser un viejo ¡Qué horror! 
No me gusta la palabra, es tan tétrica.
Tal vez, transformado en mayor
quedaría bien...
¿A quién pretendo engañar, si todavía tengo ojos?

Parece que me llaman, pero me da igual.
Se ha debido notar el ruido que estoy haciendo,
pero hasta mi nombre sueña/
señala extraño/suena raro...

Menuda paradoja.
La noche con sus miedos abominables
metidos hasta el bazo jadeando
-áspera lengua de gato-.
Y el despuntar el día/clarear con su gesto nuevo
ese olor a gel de ducha/lucha por todo el cuerpo...
¡Ufffff! ¡No puedo más!

No me importa ni me preocupa 
si lloriqueo tan a menudo.
-No te alarmes por mí...-
Es para mantener a punto las tuberías/lagrimal,
para que no se atoren las filtraciones/congojas
ni se vayan/desborden por las fisuras/grietas.
Por esos nuevos surcos y ramblas
por los que ya van sabiendo discurrir y conocen bien,
íntimamente en mí su retiro/zambullido de piscina
a lo David Honeik.

Exquisitez cabezona en su regazo 
de la atrayente perdida juventud...
Mientras nado hacia el vacío lleno de una muerte segura, 
como la tuya
y las transparencias del agua cuarteando la realidad 
de su verdad oculta deformando/atrofiado 
hasta la saciedad el cuerpo del delito
junto al miedo de su desnudez
y la aleta del escualo cada vez más cerca...

Que sepas, y te sirva de ayuda para cubicarme
que sé como comprenderme y creérmelo
al poco del inmediato después
por la necesidad animal que impera en el instinto
de conservación de la especie...

Debes saber, que me crezco con/en el dolor
como la misericordia de un convento atrae
al pobre indigente/feligrés...
Porque ya casi me voy comprendiendo/correspondido
en el convencimiento de mi no vuelta atrás...
Estudiante a penas, cerca de los sesenta cursos ya repetidos,
los que llevo a cuestas en este mi libro de notas
para guia turística del desquiciado...
Y también sé que el adiós/jabón en los ojos escuece.
¿Verdad que sí?

-¡Cómo a todo el mundo...!
Ya, pero eso particularmente a mí no me cuela/consuela,
yo querría vivir toda la vida.

Hoy al levantarme

Hoy al levantarme                 xx
me ha distraído sobremanera  
el inquietante ritmo del pulsómetro,
como si jugara al escondite entre sístole y diástole.

El no mecano continúa lleno de soplos,
chivatazos dirigidos hasta mi oído interno
de lo que está tramando el condenado...
Llegan a todas partes/costuras, sitios de mi cuerpo
haciendo que se estremezca la piel del gallina
con sus quejas tan repetitivas y aburridas charlas,
cotilleos, soliloquios
empujoncitos, toques de desatención.
¡Menudo cabronazo!

Error/terror, disparidad, soberbia, 
colapso, espabile, nulidad...
¿Por qué siempre atina la piedra arrojada
en el mismísimo centro de la diana del estanque?

He bajado a la playa/barajado oteando bien el horizonte
por lo de la chica desnuda y eso.
Sí, el panorama del nuevo día en el poema aquel.

Iba andando/jugueteando, pisando la nueva hilera de huellas
-pespuntes en la arena de alguna pareja/
aguja de coser bípeda-
y también otras que parecían más antiguas.
Tal vez las de ayer,
que nada ni nadie ha podido borrar
ni esa marea que todo lo emborracha medio loca...

No veo ni rastro de animal/ser viviente o cosa
por donde paseo...
Tampoco sé si soy yo este que está aquí o fuera de ese. 
O nadie, el que se hunde en la arena...
Parece mi número de pie, voy a probar.
Sí, no coge/cabe duda, soy yo.
No hay otro con el talón tan ancho
ni el dedo gordo tan gordo/Frodo.

Lenta/sin lamentos, disculpada 
se ha ido bufando una manta/colchón de algas muertas 
como sanguijuelas, lombrices gigantes, 
cintas de la fiesta negra
podridas.
Llenas de pulgones/plagas marinas 
y no sólo de las mías...
Pegándose desde el muslo a las pantorrillas. 
Desconectada/desconcertante, descalza desolación
como un cachorro de hombre pidiendo que lo tome su papá
para escapar de allí...

Las he atravesado sin la camiseta acercándome a la roca
donde casi ninguna/rara vez me siento a descansar.
Ya me estaban poniendo nervioso, entre los dedos,
o por los flancos esas cosquillas que arañan/pinchan
difíciles de despegar.
Salvo por el golpe brusco de alguna ola.

Son tan insignificantes algunas de las jodidas
como hilillos/brozas, minúsculas fibras pica pica
que terminan convertidas en bolas
con las que juegan los perros, los niños, las olas aburridas
o los que no tienen otra cosa que hacer.
¿Qué buscaban?

El sol aprieta/calienta de lo lindo, está muy agresivo.
La punzante sal como lija sobre mis hombros/escombros
hace que vea las estrellas al ponerme de nuevo la ropa
camuflaje del espantapájaros viviente del que vengo
haciendo gala...

¿Qué me está pasando?
Vaya por donde eche, haga lo que ocurra
todo me parece/sienta/tienta/sabe mal;
semblante triste de orfanato,
angustias de repetición, depresión convulsiva,
dispersión degenerativa, toda una caterva
de pestes de roña.

Te adoptas/adaptas, te vas dando un repaso por la cabeza
a través del parámetro/parentesco, similitudes
con las superficies por las que cruzas
y que te afloran con su reflejo en el agua del mal/mar
de las que huyes como las olas/horas que te buscan incansables...
Y lo celebran al ver como te alejas o huyes
siniestro, cautelosamente fugitivo y errante
sin descanso. 
Destartalado de agudez obtuso
hecho un cromo de desatinos.

Te contemplas/complaces sin piedad,
pero nada cambia
aunque te lo propongas una y otra vez/a cada instante.
Sí, en algún lugar/parte seguro que te has transformado
pero todavía no lo sabes ni te ha llegado su onda.
Y vuelta al principio de la ponderación
lamiendo, tragando el gas sulfuroso de tu resaca 
que mana del abismo de empezar a verlo todo 
siempre desde abajo.
Otra vez sólo con el descrédito de tu hastío, 
otra vez sólo natural-mente O'Sullivan.
Pero ya te vas conociendo "pillín"
           y no te pilla por sorpresa...

Ya estoy de nuevo en casa
y no recuerdo nada de por donde he pasado 
desde que empecé a divagar.
Ahora salgo a hacer la compra/la prensa, 
revistas, el pan, 
algo para el desayuno.

Cumples con el orden establecido,
abdicación incondicional a la lista...
Voy por las baldosas de la acera
a lo/como Jack Nicholson en “Mejor imposible”.
El asfalto oliendo como él sólo sabe/rezumando
junto a los árboles recién plantados, regados, podados.
Cruzándote con los fantasmas de todos los años
alguno en su ausencia denota/detona en mí su recuerdo.
Igual que les habría pasado a ellos conmigo
de no haber superado la crisis
del último verano cuando ya se terminaba agosto...

Después del paseo, y de la ligera compra
y de los aturdidores pensamientos  
y del baño matutino, con ese fresco esperanzador
remojando tus pellejos,
voy recordando la vuelta que hice por las escaleras de piedra.
Había un insecto con sus alas/palas de tijera rondando
sobre el fiambre olvidado/dejado por los corros/
cachorros de jóvenes de la noche anterior.
El gato/gasto curioso y atento disimulando perfectamente
desde la ventana/bolsillo del pantalón entre las macetas
de la vecindad/banalidades 
del más o menos poder adquisitivo...

Entro ante la bocanada de aire fresco del hogar,
todavía todos dormidos...
La nevera con el congelador al máximo, zumbando/
retumbando como si fuera a despegar.
Las camas sin hacer, el cielo azul y la arena 
que vino pegada en el calzado de alguno de madrugada
con sus montoncitos a punto de resbalar... 

Setos de pelusa deambulan con la corriente
igual que las matas de una peli de vaqueros...
Las paredes con la humedad y sus bigotes blancos/salitres
más allá de las ingles.
La gente que resucita de su letargo nocturno dando la nota.
Síntomas de haberse puesto en marcha, como cada día,
en la lucidez de la rutina/cadena de montaje de las tareas.
Por la galería del patio/tragaluz navegan sus voces
entre la ropa/pinzas que se caen 
y las cuerdas de tender que chirrían.

Son las de siempre, pero hoy están como nunca:
portazos, golpes en la escalera/ladridos, canto, tv, radio,
trinos/fritos, lavadoras…
Ni el Santo Job, ni el santo Ufffff.

Que sepas que en la foto/fotos de las que elijo/
escojo para enseñarte
no he salido ni salgo demasiado favorecido.
Pero me gustan como ejemplos de lo que debe/
debería o no pudiera haber sido  
el ser cómplice uno de su compinche
consigomismo...

Y me complace leerlo después por si le puedo sacar punta
o añadir alguna coma, algún pero/pedo reventón/reglón 
o tirarle/echarle un filetito/
mendrugo más a ese perro/cerdo hambriento,
sin más agua ni sed que la propia de su cuadra.

Que si en alguna no me parezco/reconoces
es porque ese no soy yo.
¡Para nada!, que lo sepas...
-Tú verás lo que haces/hacemos con todo este lío, tío...

Tú sobras, ¡y te callas! ¿Lo sabes?
¿El porqué? 
Mejor te lo cuento luego que ahora
cuando sume las restas en positivo.
¡Pero lo sabrás en poco tiempo!
¡Te lo aseguro!

-La cuestión es no salir siempre del nunca de lo mismo...
¡Qué barbaridad!

 

Me cago/hago encima

Me cago/hago encima         XX?  
cuando cierro los ojos apretando
intentando ver el lugar donde habitaré 
una vez haya muerto.
Junto a los no natos -digo yo-
en el parking de los no vivos.
Enterrado sin más...

¡Uffffff!, ¡Qué miedo,
está a la vuelta de la esquina!
Pero desconozco de qué esquina se trata...
Vamos a relajarnos y apretar “p´adentro”
luego lo que tenga que pasar que pase.
Esto de morir por obligación...

¡A ver!
Desaparecerá el mundo conmigo, lo sé.
Me lo llevaré puesto 
y a cambio no sentiré frío ni calor
ni el aroma de los huertos, ni el del pueblo.
El silencio será sepulcral/prolongado,
la oscuridad pesada/tensa 
y muy severa.

¿Hacía dónde estaré mirando?
¿Cómo se habrán quedado mis ojos?
¿Y mis últimas palabras?,
que de lejos me buscarán ya sin oídos...
¿Con qué gesto me quedaré?
¿Cómo se habrá quebrado/quedado el último sueño?,
ahora con su habitáculo vacío...

Esa es la vida... un suspense,
una despedida prolongada 
que se rehúsa mirando para otra parte.

Cambiaremos de hueco y seguiremos existiendo,
los huesos y la carne al son de nuestra descomposición.
¡Ya ves, todo vale a la hora de especular!

En algún lugar desde la gran explosión
seguro que tendremos otro camino distinto
al que hemos conocido y nos estará esperando
a nuestra medida, distancia y forma.
¡Siempre!
¡Seguro! 
¡Qué te lo digo yo!
¡Tantos han dicho ya tantas cosas!
¿Por qué no va a ser cierta, a valer esta?

En este nuestro corto/reducido entendimiento del lugar
una vez que nos asomamos a lo de ahí fuera...
No te lo puedes imaginar de otra manera 
ni estás preparado para lo que no se sabe
por eso seguimos como estamos...

Es tan amplio nuestro desconocimiento
como el cúmulo de sensaciones que ignoramos 
y nos serían de gran utilidad de haberlas concebido...
-¿Y cómo le puede afectar al conjunto una vez puesto en liza
lo que hoy no podemos abarcar?
Nadie lo sabe.

Confía en estas palabras, a mí me gusta verlo así:
si no sabemos es porque no alcanzamos a entenderlo
sumergidos en el espeso espectro/espejo de honda.
Oda/Hada ciega con la que viajamos hacinados 
en un micro espacio de tiempo
sin ser conscientes de nada. 
Entre otras cosas
porque no estamos preparados.

Lo que conocemos es el reflejo
que hace de ello nuestra mente: 
subjetividad le llaman... 
con gafas de culo de vaso. 
Pequeño nomo/residuo del culo del cosmos.

¡Aunque no me importe!
¿En alguna ocasión/momento te has imaginado
otro mundo ideal?
Pues ahí es donde creo que vamos cada uno;
al suyo/tuyo, nuestro.
¡Así, tal cual!

Que sepas que todo está grabado de antemano
y si lo recordamos es porque de su eco 
somos prisioneros/no nos podemos escapar...
No te has dado cuenta al hacer algo que pareciera
que ya lo habías hecho.
O cuando se te está olvidando algo
como que supieras que te falta y al poco das con la tela.
O cuando haces esto o aquello
tener la sensación, visión de él ya pasado/acabado.
Y esa guía que te lleva en la dirección óptima/oportuna
como si alguien te lo estuviera chivando desde algún sitio.
Y se realiza/tiene lugar tal como tú lo ves,
hayas visto, presentido/presurizado, 
y así, sin mover un sólo dedo...

Y aunque perezcas/parezcas visiblemente afectado
por lo doloroso del tema, no tengas/padezcas dolor ni temor...
Incluso puede que vuelvas a estar con la gente/
cosas que incluías en tus sueños 
y de tus vidas paralelas inconclusas acarameladas.
Por desajustes en la programación y cosas técnicas de esas
en el avatar, en la mayoría de los casos...

Y no es por darte ánimos, ni de prepararte para nada...
Ya ves que es muy sencillo pensar a nuestra conveniencia,
sobre nuestro futuro, y yo lo quiero así...
Y cuando estemos allí, una vez desde ahí 
verás como tenía razón...
Porque puede que nos lleguemos a conocer,
nos crucemos la mirada o el saludo y nos reconozcamos
por el parecido que hayamos tenido con alguien de nuestro
entorno, mi cuerpo o el tuyo.
A lo que te será más fácil
entablar una conversación entre los dos/ambos...
Y hablaremos de esto y de aquello, como si no
hubiera/estuviera pasando nada...
Ya verás, es así.  
Te lo aseguro.
¡Hasta luego! 
      Ya te contaré.
Espero que existan librerías/teles, cines y los bares disco
lo demás lo doy por sentado/seguro,
lo de las chicas y eso... que también.

¡Ah, una cosa!,
si esto no te reconforta piensa que las galerías/túneles
de los que te hablaba antes. 
Avenidas en nuestro cuerpo/corazón, cráneo, 
a través de las que nos sucederán y aniquilarán 
sus nuevos huéspedes al caer derrotados 
al fin en el vehículo de la carne...
Sólo son pasadizos por donde escapará nuestro cariño/ideas
al corazón que siga latiendo fuera de nosotros/por nosotros,
aceptando nuestras sugerencias/mensaje, legado
como un baipás Cielo/Tierra.

-¡Qué locura!
Y todo por no querer morir de una puñetera vez.
¡Señor, qué cruz!
¡Tienes más hambre que un perro chico, chaval!

Y no mires atrás,
el mordisco, ese “bocao” amargo lleva escrito tu nombre.
Eres la huella del camino que no se puede salvar/saltar
ni escapar al depredador que llevas dentro...

-It sounds Greek to me (“Me suena a chino”).
-Y a mí.
-Pues Fíat lux (“Hágase la luz”)
-Anda, pasa tu primero...

El tren, ese que pasa…

El tren, ese que pasa...                    xx?    
debe tener escaparates o algo así
donde puedas elegir: sí eso me lo quedo o esto no;
ahora me subo/ahora me bajo...
¿Es una locomotora antigua o va a toda velocidad/AVE?
¡Es que no lo sé!

Yo lo espero,
me imagino que como todo el mundo...
Y no sé lo que voy a hacer cuando llegue
porque entre otras cosas, no lo conozco
sólo he oído hablar de él...
Puede que sea un bulo/leyenda urbana
un dicho de esos que andan por ahí
vagabundeando/“grafiteados” 
empapelando los muros de la ciudad,
los vagones de la estación... 
hasta el perro guardián de la finca del Señor.

¡No sé si tienen algún sitio donde se les pueda 
ver aparcados!
-¡¿Entonces existen?!
¡Y yo qué sé!

No sería más lógico llegado el caso, acercarnos entonces
al andén y tomarlo/cogerlo allí...
Eso del riesgo/tanto peligro como en las pelis de bandidos
soltándose/saltando a la carrera
persiguiendo el último vagón sin resuello 
no va conmigo...

Me gusta ir a lo seguro/atento...
Oler el gasoil o la grasa de mierdas de las traviesas, 
mezclado/tamizado con ligeros tonos 
a hierros oxidados pululando en la atmósfera de la máquina/
mundo al fin triunfador...

Ese griterío/pitido por los altavoces/sirenas 
o esos murmullos atronadores que te dejan sordo...
La calefacción a todo gas, el chirriar de la frenada,
ese choque/crujir de cadenas, esos gusanos de metal y cristal
encogiéndose y alargándose, los fuelles de goma estirados
y la banderita roja del brazo/mano del muñequito 
soldado/saludando...

Ese aparato expendedor de refrescos/chuches,
la del tabaco/el de los ciegos... 
Y recrearme con el aroma a café que se escapa
de unos labios sensuales/hermosos, llenos de carmín
antes de terminar con el último cigarro
escapándose con esos movimientos
de cuerpo de culebra que huye esquivando a los demás
desde el bar/cantina de la vida 
que enviuda a pasos agigantados de los no clientes...

Todo esto lo reconozco porque lo he leído en mis ojos
frente al espejo del sabueso instinto/sexto sentido 
o en los libros...
Pero sólo es el exterior te dicen:
"espera meterte dentro".

Sí, ¿se nota mucho? Todavía sigo esperándolo...
Querer es dejar algo a cambio
y yo soy muy perezoso.

La vida es un viaje. –Me digo.
Tú eliges el medio de transporte hacia tus apetencias
para atravesar el océano del desierto de vidrios/montañas,
planetas y estrellas
entre la primera luz del primer día de tu vida 
y la última que anidará en la visión póstuma de tus ojos...
¡Ah! también se puede volar/velar, correr/nadar
o quedarse quieto/acostado/sentado/apestillado
a que el temporal amaine y no desees nada más
sólo que venga y te la chupe...

O desde esa perspectiva/referencia del sol 
en todo lo alto de un buen órdago/orgasmo
con la noche de luna más encantadora
a la vuelta de la esquina de otro lado del planeta
para que deslumbren/escandilen mejor los sueños/
dientes/colmillo de la amada
mientras das otra vuelta a la Tierra...

Mira,
que te pongan un plato de comida delante
no significa que te lo tengas que llevar a la boca 
a lo “tragaloperro” si no tienes ganas
o está muy caliente o le falta ese sabor de moda...
Textura en superficie y en profundidad
acoplándose a tu cuerpo.
También lo puedes dejar para que se enfríe, 
o para más tarde/otro rato/ocasión...

Con lo del tren sigo igual, 
no me aclaro. 
La historia se repite una y otra vez en este viaje único
y no debería ser así...
Nos estamos convirtiendo en copia de la copia...
Algo va mal.

-Era de esperar, el tren... 
Tú, yo, el Micolor. 
      Has puesto demasiado.

Tan fugitivo como saber estar encarcelado…

Tan fugitivo como saber estar encarcelado...       xx?   
Has venido al mundo a aprender, 
a estarte quieto
y a morir.
Ya te falta poco para volver 
de donde viniste/ 
como saliste. 
Desaparecerá esa libertad única/exquisita, 
particular y conquistada, 
por la que luchaste mientras te ibas adaptando/
acoplando al trajín...

Te vas
esperando decirme algo...
Al tiempo que te estás convirtiendo 
en un campo de batalla lleno de cadáveres
imposibles de reconocer/
identificarlos.
Mientras los vas arrojando a la pira/fosa común
a la que dentro de poco te meterás,
irás tú...

¿A qué olerán los muertos de mi muerte?  
¿A qué tierra va a obedecer su alimento
mientras se pudran/descomponen...?
¿Quién será su nuevo dueño y señor
de los espectros?
Tal vez se parezca a mí, 
o tal vez no.

Este juego de intercambios de piezas,
peones en el tablero
para a una sola partida... no sé.
Tanto derroche/desgaste y sufrimiento
sólo puede ser que se trate de una cosa...
¡Es una apuesta de Dios con el diablo!

¡Espera!
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho...
¿Hasta cuantos números puedo contar
          para tranquilizarme?

-¡Santo cielo! 
Es la misma letanía de siempre...
¡Para ya, desdentado!
Porque si no lo haces... menudo pestazo
ambiente carroñero/desagüe de tu desguace.
Nos estás inundando a orines del estiércol de tu establo.

Paseábamos mirando maravillados el paisaje, milagro de la creación...
y zas.
Ni que fuéramos animales oliendo a miedo ante el depredador/
despertador del pecado... Satán de su oscuridad.

Cualquiera de los individuos sin una conciencia limpia ni tranquila...
al estar acorralados/encerrados, atrapados 
entre los cuatro puntos cardinales del horizonte
del retablo de la lista de los mandamientos, 
esas Leyes imposibles de cumplir a tocateja
hace que nos acurruquemos en una esquina del matadero,
espacio/tiempo de nuestra ciudad/ente
esperando el disparo de aire comprimido a la sien...
sin inmutarnos.

Viendo el carrusel/noria del devenir fluctuar
como pisadas que suben y bajan sin sentido
esperando la noticia de si es varón o hembra la semilla que plantamos
en el intelecto/bancal de sesos de tu cráneo, o por el contrario, 
se ha fugado para siempre con viento fresco...
fecundando el vacío de la necedad con su antigua novia/
sin motivo.

Sí, cruel espectáculo al que nos dirigimos
al que te vas acercando colega/vecino, vencido 
y vendido como esclavo en el mercado de las oportunidades...
Sin poder mover un sólo miembro hipnotizado/anestesiado.
“Embobao” con su inyección letal de Resident Evil
de tanto cuento de fantasmas con la cadena perpetua al cuello. 
Historietas de Mortadelo y Filemón
que nos han imbuido/embutido... inoculado.
Fuel/fiel companaje para la excursión
para que te alimentes/coma inducido...
Para que no sufras ni grites
cuando veas llegar al verdugo con la soga en la mano
el cuchillo en la otra 
y te muestres indiferente...

Porque como bien sabes y sabrás de sobra:
todos somos asesinados por la misma mano
que nos ayudó a gatear...
Con la que nos llevábamos la papilla y los potitos a la boca,
con la que nos limpiamos el culo
con la que nos hacemos la paja y nos manufacturamos...
Somos nuestra propia víctima 
de lo que hemos sido y somos,
y así será por los siglos de los siglos y Amén.
Aunque no sea.

Si no quieres pasar un mal trance/trago convencional
deposítate/acomódate tú solito a tu gusto y semejanza
para que no te hagan daño las arrugas de la costura/pespuntes
botones, remiendos, borra.
Horca tras la almohada mientras te devoran los gusanos
convirtiéndonos a todos iguales en la huida
hacía adelante... ya inmóviles
virutas de carne y hueso, cagadas/boñigas de reptil.

Que sus mordisquitos -el de la norma social- resulten como caricias,
no más que un cosquilleo al que respondas con una sonrisa/
gesto de despedida sin parangón, tipo Disney...
Que parezca que los conoces de toda la vida,
como si fueran tus amigos con los que compartes/has asistido/
ido al colegio o vinieras/volvieras de una fiesta
a las tantas de la madrugada cansados
y muertos de hambre.

Porque por más que te quejes/resistas... nada va a cambiar
ni a ser diferente.
Vas a llegar y te vas a acostar, y así de fácil. Fin.
Pero ahora, mientras tanto... 
¿Qué haces tú?
-Pues eso, dilapidar el tiempo...

Bueno, no está mal, pero aunque rompas el reloj él te sigue.
¿Lo notas?
-Creía que eras tú, mi subconsciente por el corredor de la muerte.
He visto su sombra detrás mío, te cogió del brazo, ¿verdad?
Te vi forcejear, ¿al final habéis quedado en algo?

Sí, que nos vamos al Carrefour/Corte Ingles a ver las rebajas 
de temporada...
-¿Y lo de la pensión para la pasión de tu Cristo?, 
¿en qué queda?
Eso es otra historia, agua pasada en otra dimensión 
de mis mundos; río para-lelos/parapléjicos...

-¡Ya!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Oigo los latidos de mi corazón

Oigo los latidos de mi corazón    XX?  
de continuo/constantemente en el oído izquierdo
como empujones que alguien te diera en la cabeza.
Igual que cuando te quieren llamar la atención.
Pero no, no es eso, no tiene nada que ver.
Incluso te inducen al mareo...

Ahora se atranca como si dudara en latir
y se hace el remolón hasta que suelta el latigazo.
Otras veces se juntan en montoncitos
de tres seguidos –la mayoría de las veces-
como que tuvieran prisa por algo...
-Colgajos/arritmias le llaman-

Y así voy oyendo el motor del coche
en la cabina del conductor todo el tiempo.
A veces me sirve de relax para dormir
escuchándolos, y el contarlos a todos
como ovejitas que saltasen, 
huyendo escapados
del corral de mi cabeza...
Hasta que se pare 
o no quede nadie por salir.
Me han dicho...

Menuda gigante/gran incertidumbre...
¡Te imaginas saber que te vas a morir
o que te estás muriendo porque ya no lo oyes!
Ni a él ni a tus animalitos del interior.

Me resulta complicado/difícil de asumir
asimilar la cantidad de silencio y de dolor
que pueda haber encerrado allí
en ese momento único y fatídico.

O como el primer infarto
del que escapé de chiripa/por milagro.
Pero esta vez será fulminate, con final infeliz
ese desgajado/inexistente 
         en los cuentos de hadas...

De todas las maneras y formas
ya me voy acostumbrando a él.
Me gusta y lo quiero mucho, 
y no porque no tenga más remedio
ni por lo que representa...
sino por lo que le voy a echar de menos
cuando deje de andar y yo quiera seguir.
Algo que todavía no encajo bien, y me cuesta.

Por eso tengo tanta prisa en hacer cosas y me estreso
por si me falla/falta a la cita el día menos pensado.
Por lo menos que me encuentre ocupado...
-como decía ese con la inspiración-
A ver si se equivoca creyendo que no soy yo
al verme trabajar/atareado y girara para otro sitio... 
¡Ojalá!

Y va a ser así, te lo adelanto de antemano. Sí, a ti,
el día que menos lo esperes, porque ya sólo te queda una vida
como a un gato viejo...
Según las estadísticas sobre los infartados, de cada tres cae uno.
Y tú ya has gastado dos...
¿Qué le vamos a hacer...?

Como reclamo/chantaje, le pido/digo...
que me deje un poco más
que estoy a medio de esta o tal cosa:
un escrito, un cuadro, un viaje a mi interior 
por los cerros de Úbeda...
Qué sé yo...
Por si acaso tuviera/tiene compasión
y se apiada misericorde de mí.

También me sirve para concluir,
en ir llenando el camino de migajas
con algo de materia/creación propia...
Mollas de las cosas que hago como señuelo
rastro, por si no supiera cómo volver después
a la casita del bosque.

Me gusta ese olor a gas

Me gusta ese olor a gas             xx-
que despide la estufa de butano 
cada vez que la manejo,
porque en alguna ocasión me recuerda
las noches de estudio en ese apretón de ultimísima hora/
oportunidad ante los exámenes de invierno.

De cómo sucumbías “ensoñiscado”/entretenido
con cualquier pensamiento antes que leerte los apuntes...
¡A pajera abierta!
Y te abandonabas embriagado bajo los efectos anestésicos,
efluvios que manaban entre las faldas 
de la mesa camilla.

No le ponías traba alguna y te abandonabas
ladeando la cabeza hacia un brazo del sillón 
en el que te rendías tapado hasta el cuello.

Apenas una de tus extremidades asomaba
sosteniendo el libro con dos dedos 
o el folio/hoja  del cuaderno que se difuminaban borrosos…
teniendo una y otra vez que releerlos
sin haber retenido absolutamente nada de nada
en tu querida/necesitada memoria.

Ante lo cual tomabas la sabia determinación de avisar
-llamando o dejando una nota a tu madre-
Para que te despertara temprano a la mañana siguiente...

Así sucumbías al encanto del sueño
que te había venido siguiendo desde el mismo instante
en el que te sentabas tan cómodo.

Todo ello mezclado con unas gotitas de sensación culpa/alivio
difícil de diagnosticar...
Y entonces te ibas a la cama guiado,
cogido de la mano
o en brazos de uno de tus ángeles favoritos
de los que tiene a su lado la Virgen del Perpetuo Socorro.

Que por cierto se quedaban en la puerta del aseo/baño
comedido, educados como nadie.
Y te esperaba mientras rendías culto/cuentas al día.

Rara vez esas pocas horas de descanso
saciaban/relajaban tu cuerpo de la vigilia
pero al dejar una vez más algo para el después...
El sentirte bajo esa liberación de la obligatoriedad,
me parecía que había ganado... no sé en qué
pero lo notaba.

Una de las cosas que hacían espabilarme justo
cuando menos lo necesitaba
era la diferencia de temperatura entre el vago
que se había levantado del sillón, y el resto de la casa...
Otra, el ir caminando sin aclimatarme lo suficientemente rápido
a la decisión que había tomado, y el acoso
reo de las tareas pendientes dándome vueltas en la cabeza
como las moscas a la basura...

Por eso creo que a veces se debe de afrontar
la responsabilidad en el ejercicio de lo que debemos hacer
en lugar de huir, porque tarde o temprano nos alcanza
y no escapamos a su presión/prisión
hasta que lo hayamos hecho.

No dejo de esperar cualquier tren que me saque de aquí
tan puntual como siempre
en la estación que ya conoces de sobra.
La del vago...
Con ese proyecto de soterramiento en el aire
que desde el primer día se podía leer 
en los carteles de la ciudad.

En el horizonte se pierden las vías 
con el vagón de cola del último que acabo de perder...
A otros los he visto pulular como culebras
por las calles de mis telarañas/ideas
como un Metro en superficie 
oliendo igual que la trasnochada locomotora;
a viejo hierro en fricción y la grasa rebosante
fuera de sus tornillos
sujetando la paradójica desquicia
de no saber a qué hora llegara el próximo.

Como las obligaciones pendientes del ayer y hoy
que se queden en el andén
junto al resto del equipaje que  no voy a necesitar
dentro de "na".

Ni me perseguirán las preocupaciones ni añoranzas incumplidas,
ni se caerán las monedas/canicas de los bolsillos rotos
ni de arrodillarme ante ti, destino. 
Ni sentiré las vergüenzas de cómo has jugado conmigo 
al gato y el ratón...

Te espero,
sigo sin cumplir con las expectativas para las que me creaste.
Si es que las sabe alguien...
Tu siervo amado te recuerda que no seas demasiado arisco
con tu adiós de/ni de mi última hora en fuga...

Ya no hay gas, ni exámenes, ni porras con chocolate...
Un abrazo bien fuerte, casi como el tuyo;
antes de que me lo des tú a mí
y me dejes sin respiración...

-Creo que has suspendido.
Ya.