Alguna vez…

Alguna vez... estas ganas desgañitadas         xx
rebozarán tus entrañas profanas.

Alguna vez... estos golpes de timón
dejarán de navegar solo por mi corazón.

Alguna vez... estiraré el lánguido orbe
moliéndote en el aljibe que escondes.

Alguna vez... esa sinagoga nunca ungida
resbalará desde el friso de mi columna.

Alguna vez... segaré el aire de mi cúpula
dejando volar las palomas hacia tu cuna.

Alguna vez... tus castillos de naipes caerán
con las tropas venidas desde el más allá.

Alguna vez... seré un importante payaso
con las pestañas daré brea al fiel
de tanto desasosiego/de tanto desengaño.

Alguna vez... -me haré- largo tiempo
para calar a todos lo que se cruzaron jodiendo.

Alguna vez... quemaré mis naves/mis retratos,
mis adentros disecados en este dique de desechos.

Alguna vez... intentaré ser más amable
para que tomes y chupes del jugo que no sale.

Alguna vez... te saludaré con la cara de siempre,
clamaré a los cuatro vientos mi desbocada perfidia
de no tenerte nunca, ni con la más mínima brisa.

Entonces...
Querré ser un poeta de estafeta/
correos postales, de bragueta abierta.

Querré ser un artista de brillantes obras
...esas que no empezaste nunca/ni terminaste ¡tonta!

Querré ser un amante fiel a mi ética
y a tu razón “almidoná”/casi hipertensa...

Querré ser un soldado raso,
sin estrellas/capullos, ni arrebatos.

Así, cuando me mires... no tendrás guías ni atriles/
Te escurrirás engarzada entre mis reliquias mártires.


Esa tonta flor

Esa tonta flor del jardín        x
de los encantos perdidos...
se quedó seca y marchita,
tierna y dolida.
Los labios de la noche
       la hizo trizas.

Esa dulce flor
de los manglares de acacias.
Atormentada de polvos
sobre brotes de hojarasca.
Lúcido manantial
en graneros de azadas...

No supo mantener el tipo
cuando más lo necesitaba.
Vagones rechinando
le dieron alas...
Patinando en la concha marina
donde pescaba.

-Pareces un eyaculador precoz.
¡Son las ganas de tanto...! -lo siento-

Suda el sexo sus pesares,

Suda el sexo sus pesares,        x?
muere gozosa la vigilia...
en dos salvas de broma,
en dos “hartás” de mentiras.

-Quisiera renunciar a ser hombre-.
“La maté porque era mía”.

Estaba yo, con las tripas revueltas,
badajo “ahogao”, en agonía.
Sobre la celosía de melaza,
pandereta en mano blandía.

Hervía en sazón
adobado por las brisas salinas
aliñando en ardores blusón
embutido en puro macho cabrío.

Y de pronto... sentí un vacío,
el que te quita la savia y te saca de quicio,
el que te grapa los morros al entresijo/
el que te acuna la chicharra en el matorralico.

Ahora el cuerpo descosido de bramidos,
se cobija en tres cuartos de ñora,
...en el alborotado rescoldo
de su nido de avispas.

Tu flagelada magnolia
todavía “hinchá”/medio dormida...
pide indulto a la autoridad,
y te dan opción a otra corrida,
allá por navidad,
cuando se olviden de la vista.

-Demasiados fallos... -en ese aparato tuyo-
¡Eso digo yo!

Cuando se levante…

Cuando se levante...          xx
desgarrará los trapos sucios
llorando en el cándido/cálido paño.
Tus fuerzas se volverán flatulentas
       entre obeliscos de cornetas.

    Las más tributadas sensaciones
latirán al compás que tu las mezas.
Para darte rápido el sublime latigazo
descarnando a tu payaso de alabastro...

Te quebrarás como un banco hipotecario,
lleno de pagarés y talones falsos...
en la cornisa mascullada del colapso,
fusil ametrallador en cántaro agrio.

Y hechizado en el rescoldo de códices
de los más ásperos hipocampos...
a cada palpitar un peñasco,
a cada escalofrío un desmayo,
a cada suspiro un llanto,
a cada nueva distensión
un desengaño.

Y así... todo calentura,
jura y perjura.
La gloria una locura.
La locura, ser uno mismo,
uno mismo,
ser o no ser.

Así es la vida...
un feliz gatillazo.


Ya no rezas…

Ya no rezas...         x?
la marea apaga las velas.
Ya no esperas,
sólo revientas.

Ya no oyes,
el zureo de estambres te duele...
Ya no piensas,
sólo muerdes la presa.

Ya no miras,
tus babas todo lo aliñan.
Ya no sientes...
la lava se desborda bajo tu vientre.

Está claro...
que tu fierecilla maquiavélica
expone su tesina de fin de carrera
e... hilvanando semillas
sobre herbazales y corcheas,
teje puntillas de cera
“lisíao” por el acantilado
donde se despeña.

Has llegado a ese lugar
donde los pétalos/
hojas del libro
atraen con su muerte al lector.
Bello durmiente...
en el sueño de los justos 
         yugo del placer.



Fiera y cruel…

Fiera y cruel se desliza por tu imagen           x+
esta hélice de arcilla 
que aviva mi sangre.
Penetra en el crepúsculo de mis ondas
rompiendo la tibia canción que te nombra...
hasta detonar y explosionar 
los viejos cartuchos
en la recámara de la trastienda 
                    de mi botica.

Tus ojos altivos y serenos
con su cincel han roto el cerco,
se adentran en la fontana clara,
donde flota el leño tierno...

Guirnaldas hechas trizas
se alborotan con las huestes del asedio
...en el puente de playa,
de tus espléndidos portentos.

Me ahogo en este acuchillamiento,
“vomitá”/babas de mi palo miel de higo...
Trepanando la quijotera tela de la bragueta,
templete de marajá/“descojoná” de mico.

Sin ideas, mis generales cobardicas
se rinden a tus pies;
con un fax abdican...

Poco después,
cuando te descuidas...
se rearman, te suplican,
y tú les dejas escalar/
moler la perla rosa
      que las olas cobijan.

De pronto...
en ejecutiva de apremio,
resbala en las uvas de la ira,
adelgaza su tripa desobediente,
se casca de bruces,
   se rompe la frente.

No sabe el idiota,
que su lindo capullo
hasta dentro de un rato
             no florece...
-se quedó mudo-.

P.D.
¿Querer no es poder!.

Alguna vez…

Alguna vez... 
tus adormecidos interiores              x
se cargaran de bombeantes chasquidos de nata.
Como fieros leones vendrán a luchar
hasta darse muerte por su amada...
sabiendo que la primera vez pasó,
como hierro al rojo vivo que la marca.

La risa no prenderá en el sigiloso respiro,
tampoco la palabra inquieta volará
como paloma blanca mensajera...
tan sólo un entrar y salir
o tal vez, no llegar con ganas.
Sólo más y más metesaca;
arrebatador embutido sin compasión
en la tempestad más ermitaña.

Es el nervio que se ahorca
en el árbol más empinado,
ese que se funde en el cálido hielo
hirviendo al son que le toca su tamborilero.

Deseosa de gozar más y más
le retuerce el cuello al muñeco,
sabiendo que después lo mudará
bañado/vestido y alisado
a otro lugar del juguetero...

Entonces callará mecido el puñetero
en las cinco cañas de su cesto,
recogiendo las flores más hermosas
con la lata de fuagrás
          derretida por completo.

Ella, en cambio,
es cuando empieza a notar algo...
y desea fumarse otro paquete y medio.
Sin rechistar, sin parpadear,
sin apenas proponérselo.

Pero tú te has evaporado
como la brisa del humo en su boca
por ese cuarto épico del descalabro...
Ya no te queda ni una sola bala/colilla
para apagar en el cenicero.

-¡Qué poca gracia tienes
algunas veces...!