Hablas como si no oyeras…

Hablas como si no oyeras...    x
Te sellas como el caracol
en la grieta de la pared/
tronco seco de nuestro árbol.

Nivelas con la orilla de la mano
lo dicho/echado sobre el mantel
recogiendo/amontonándolo todo
para tirarlo 
a la bolsa de los desperdicios...
Embotándote con la piel arrastrada 
de lo callado patinando 
sin poder ahondar/andar más.

Astillas de una voz que me clavan
como a un Cristo...
Que te agarran entre sus uñas bien afiladas 
mientras te suben al madero
para que no escapes...
Señales a ambos lados del camino
haciendo larga/tortuosa 
el regreso.../la vuelta a casa.

Harto de brozas...
Harto de quitarme el barro
de los ojos, zapatos, botas de goma
voy despacio por esta calzada 
de empalamientos
procurando no caer...

Y te veo/te acecho sentado
tomándome un descanso
justo/junto al mojón
que separa nuestros cuerpos
fisura de la finca...
Donde aparece grabado un número
y debajo unas letras en romano
de amor.
Para lo que todo esto
ya no tiene el menor sentido posible
ninguna razón de ser...

Y entonces es cuando más me gustas
con/en tu lectura...
Porque ya no entiendo
       ni siento nada.

No hay un sólo pie

No hay un sólo pie que conquiste el mundo          xxx  
ni camino que no sepa dónde está...
 No anda el hombre 
es el cielo/la tierra los que le obedecen y retroceden 
asustados ante él/        -los pasos del infectado-.

Nada me separa más de lo que busco
que no saber lo que quiero después de verlo y contemplarlo
         sin que lo pueda evitar,    -el vaivén...-
Tanta piel haciéndose almíbar en los labios sin un beso
      sin poder apreciar el verdadero sabor de su boca.
-No te valen...-
Turbiedad compartida
y más abajo lodos/nodo del largometraje.    
-¡A mí no me culpes...!

Llegué a acostumbrarme y ahora te busco
    para cuando todo decline/mengüe/se acabe...
       -¡ya sabes para qué!-
-Me admira que puedas aguantar ni un minuto más
con esta tu charla/soliloquio absurdo al abstracto...

Si la piedra fuera barco.
Si la profundidad de lo bello ser.
La hoja aljibe/
la boca rama.
El pájaro fruto...
Y crecer libre/erguido como el elegido
    -y entrar para no volver-.

Ser el polvo, hilván de la mirada hecha barro/fósil
      vasija/restos/color
de lo que una vez amé y te llamé...
Y el exacto extracto de las cosas prohibidas sorprendiéndonos.
Y el claro del bosque, el aire fresco, su calima...
y luego no poder seguir 
porque nada nos esperaba -solos-.

Y que te diga que se ha vuelto... ¡Es que no lo entiendo?!
Sin previo aviso, a mendigar
en el hambriento perfil del ridículo pasajero evitándome/ 
olvidándome...

Como botín de lo lamentable me declaro lagartija de pasillo
huésped que persigue
a la mosca de la luz con su nuevo elixir...
-me huelo en él-. 
Ven, acompáñame;
 de habernos encontrado antes seríamos hoy mejores/
                                    y buenos amigos...

¿Y el texto...? -Me pregunto 
¿Qué ha sido del texto?
   De aquello que pensaba decirte y escribirte
         -sino explanada de aterrizajes/reclamo mudo-.
Ya no los mimas ni miras como en otro tiempo, 
ni los lees...
Su resplandor, el ácido de las gotas de la cueva/
saliva de la tierra de un cuerpo que los asusta. 
Lo entiendo, sí...
pero creía que no te ibas a hartar -nunca jamás-.

¿Y qué podemos hacer...?
Cuando/ como fascinado -siempre huyendo- 
perdemos la licencia del ser. 
Y nos convertimos en menos que nada, ¡nadie!    
                           ni siquiera su fantasma/   
remolinos de arena en el desierto 
-sombras de su condena...-
¿Qué se puede hacer? 

De haber sido algo... quizá un tipo cualquiera/
                                   duro o frágil.
O que nos hubiéramos encontrado en otro mundo, 
               de otro modo, en otro momento
en un ambiente más dulce, -lugar de hogar...- 
También eso me gustó/ y nos costó-.
¿Acaso todavía seguiríamos juntos?

No sé a qué se debe todo esto que nos pasa
 pero.../ por algo será.


Mis poemas

Mis poemas          x
son cartas de recién casado
a una amante ficticia que no tiene corazón.

Son cartas de rencor/resentimiento
con las señas confusas por el matasellos.
Son cartas buscando que se abran de par en par
con la yema de los dedos y no con el cúter/bisturí.

Mientras te vas chupando la sangre
por el corte producido en el filo del sobre/papel
de esa tu última intención...
Al querer imaginar, entender, descifrar
su contenido.

¡Venga ya...!

Dices que mis escritos tartamudean…

Dices que mis escritos tartamudean...           x
que carecen de fluidez invitando a la confusión.
Que son imprecisos/intoxican los sentidos
cambiando la orientación de lo simple o natural
hacia lo turbio y complejo.

Que lo convierte todo -como a otra religión-
dándole la espalda al rezo común de sus oradores
dejando sólo en el vuelo sus esperanzas de salvación.

Sabes una cosa, sabes qué te digo...¡?

Yo puedo ponerles algún tipo de cebo
para que acudan las emociones más primitivas
condensando en botes de hojalata
una porción/noción de significados coherentes
para colocarlos en esa alacena que todos alcancen
o bajo la losa fornida 
de lo que a ti más te plazca/convenga...
imposible de levantar.

¡Entonces, tú me dirás...
en qué quedamos? 
¡Cariño!

Escribí una vez en mi piel

Escribí una vez en mi piel          xx-
las iniciales de tu nombre
con la punta de acero de un bolígrafo
girándolo...

Corté bajorrelieves en porciones
con círculos minúsculos 
hasta que brotó la sangre
seguro del daño que me hacía
equivalente al gozo que sentía por ti.

Pasado algún tiempo
intenté borrar la marca
en alguna ocasión, sobre todo
cuando discutíamos
o aparecía otra chica en el panorama.

La primera vez lo hice
con la cabeza de una cerilla ardiendo.
Su cúpula opaca marcó un soberbio cerco
más amplio de lo esperado...
En carne viva su interior se lleno de "agüilla"
que al secar niveló lo escrito pacientemente
hasta quedar fundido como un parche/vacuna
en la corteza de su costra/-su otra media naranja.

Más adelante hice algún que otro retoque
justo ahí/o al lado
conforme se me iba calentando el corazón...

Uno fue con la brasa de un cigarro
generando un cráter.
Otro con la cuchilla de afeitar rallándolo.
O con insistentes restregones
por los zócalos de alguna pared.

Para estos últimos escarceos
creo que ya no estabas...
Es posible que a esas alturas de la contienda
ya hubieras partido/desaparecido.

Cuando miro la cicatriz de mi muñeca
compruebo que todo ese empeño por cambiar
lo pasado fue en vano.
Que no sirvió para nada...
porque sé lo que esconde.

Parecía que despuntara el día

Parecía que despuntara el día          xx+  
                pero no era/ni fue nunca así.  
Estábamos al final de las fiestas del pueblo, agosto.
     La luna olía a romero/romance    
tomillo de monte, espliego macho en la mota del río.
Las matas, cañas en la cola del brazal
como sables brillantes postulando...

La baranda del puente más mojada que nunca
                                    por el relente
como una siembra/serpiente de perlas.
El aroma a jazmín de la última puerta
                         por la que habíamos pasado
junto al galán de noche de turno
todavía atosigando,
incrustados en las papilas/pupilas
        del pensamiento de lo menos grotesco.

Iba atrapado en unos ojos de chispa de estrella envolventes
fuera de su cuerpo, levitando/llevándote con ellos
en su frasco de pequeñas esencias.
   Parecía/creías que lo entendiste todo
              pero no había/nada estaba claro.
Ni la generalidad del ahogo que te iba creciendo
como un borrego entregado al olor del pasto.
¡Qué fea comparación! 

Pero era feliz...
Y me dejaba caer hundido en el tacto de sus labios
en la piel de la punta de sus dedos
                              que se plasmó pespunteando...
      Que te apretaban conforme sentías cada pulso/
paso/latido suyo.
Era la voz de la carne hecha hombre/hambre elástico
que me llamaba ardiéndome...
-¡Ya me estoy pasando!-

Ni siquiera recuerdo si la besé del todo bien.
       Llevaba un vestido de cuadros azules
atado al cuello y la cintura
a medida, elegante/altiva, y sus hombros de cera.

Sus brazos los sentía apoyados en el hierro esquivando mi costado
       justo cuando mi vecino,
el de la casa de la huerta de al lado de mis padres,
apareció, se acercó a hablar,
a saludarme.
Me había reconocido, quería echar un vistazo, ver con quién estaba.
               Y nos jodió bien el jodido, de lleno
la posible/presumible aventura...

Ella no lo entendió, ni yo... -lo de mi corte-.
Y nos fuimos de allí callados, en absoluto silencio
hasta muy lejos
             sin que nos hayamos encontrado aún.

Todavía lo recuerdo como si fuera ayer.
Y me da pesar como si fuera hoy
                    y no se me olvida...

Me acuerdo a menudo de mi fantasma

Me acuerdo a menudo de mi fantasma       xx         
flotando por las baldosas de la ciudad
después de haberte esperado tantas horas
tantas tardes... para escuchar de tus labios
o con un gesto que no te acordabas
que no lo sabías...

Me tronchaban los celos
de con quién/por dónde habrías estado
con esa estocada hasta la bola...
Brocheta caldosa de la desolación.

Llorando para mis adentros
más rápido que hacia fuera
todos mis lamentos en peregrinación
navegaban/sucumbían cayendo
una y otra vez en el remanso de ese fango
podrido/perdidos en el fondo,
creando un denso tarquín/limo.

Desde entonces me aparté tanto
que aún te busco cerca de mí... incluso
cuando todavía pareces dormida.

Entiéndelo...
Me juré fidelidad y cariño
con un absolutismo ilustrado
hacia esta conjunción de carne y hueso
que hoy te observa.

Hasta que me entierren
latirá con un solo propósito -por los dos-
Y allí te esperaré
sin importarme para nada
cuando llegues...

 

Cuantas veces te miré

Cuantas veces te miré             x?
sin darme cuenta de que ibas conmigo.
Siempre entendiendo/interpretando mal tus mensajes...
Con cualquier excusa daba un paso atrás.

Mientras otros te acosaban, yo
agachaba la cabeza desanimado/vencido,
arrinconado en algún portal
o en el banco de piedra del jardín.
O junto a la ventanilla de socorro
del autobús de regreso
en el asiento más mullido
de la fatalidad extrema.
Tal vez pretendida, deseada, fingida...

Veía desfilar esos modelos por la pasarela
de mi ensoñación quejica compulsiva
ardiendo en una hoguera preparada/aliñada/atizada
hasta apagada llegada la ocasión sólo por mí.
Yo me lo guisaba/así me lo comía...

No fui capaz de traducir ese álgebra extraña
desde la que daban a luz los pareceres.
...De esa manera confundido/perdido
agoté gran parte de un posible e intenso idilio
ahogado en la glorieta de mis mocos
siempre chorreando...

La verdad sin rodeos…

La verdad sin rodeos... tapujos, ni sermones     xx+   
se ha adueñado/Se inventa un óvulo
                  para fecundarlo.
-Es el mismo cuento de siempre...
¡Vale, sigue! Por mí no te cortes/

Gracias.
Y ya puestos a observar/divaguemos...
¡Si es que aún nos queda/hay algo de tiempo!
¡Deduzcamos pues!

¿Somos desperdicio inútil/prepucio, labio
llano y simple del pene/-vagina del cosmos-
chulos de la nada, proxenetas...?
¿¡Por qué vivimos de las sobras/a la sombra de otros!?
      ¿Porque lo hemos heredado,
 porque lo hemos encontrado así¿?

Somos extraños/extranjeros para todo siempre...
Y cómplices/compinches
en este complicado compás de espera/
Alforjas de penitencia, -anécdotas irresolubles-
      doctrinas con las que vivimos, víctimas,
      condenados mucho antes de nacer.

¿Se trata o no de una ayuda indebida/innecesaria,
                          o de un castigo...?
No bastaría entonces con nuestra leal y fiel mirada.
Con nuestra compleja armonía etérea
que subyace desde el interior de la materia
y en oclusión/
eclosión de su combustión
hace posible esta aventura única.

-¡Jesús, María y José!
Hazme sitio en la sacristía/confesionario que voy...
    No,
    que lo tenemos todo lleno/ al completo,
          debes -para otra vez- pedir cita.