La tapadera de la noche es blanco sucio

La tapadera de la noche es blanco sucio   xx?
la del día naranja brillante/deslumbradora,
no sé por cuál de las dos me puedo ir/
voy a escapar...
Tendré que dibujar otro agujero/alguna salida
porque ya va amaneciendo y sigo sin decidirme.

Me despierto con el pijama del diablo puesto del revés,
embrollado entre las sábanas de calor
y el agobio del nuevo día que entra por la ventana
como un ladrón al que no se puede detener...

Me falta hechura/"companaje", alguna molla/chicha
y me acurruco/ovillo
recogiendo las extremidades/extremaunción.
Huelen a excremento/tufos del cuerpo
aliento/sudor, con la cabeza llena de caspa
y grasa tiznando la pobre almohada...

En la tienda de campaña de la habitación
escenifico sobre la cama mi obra maestra
repasando el nudo/nulo contraste 
con cualquiera de mis viejos sueños
y su devota omisión en rescatarme de esta isla
con las hogueras de la desidia
en cólera viva...

Un ruidillo de ratón que no es de consola
campa angustiado a intermitente/inerte
mientras roe los nervios/tentáculos del tonto del culo
picudo de palmera/tallo del imbécil que soy...

No sabes dónde está ni de donde procede
sólo escuchas su hambre atroz que te devora,
ese lamento rascando el hueso seco de tu cráneo...
Ruido a coro con el de tus tripas vacías 
arrastrando muebles inútiles por el cielo de tus intestinos 
asustando al pobre roedor...

Puede que ande/corra sobre el armario
donde guardas la ropa
disfraces para la función de cada día.
O debajo de la ventana atraído por la luz esclarecedora
por donde escapa tu aroma/reflujo, aura del ánimo.
O detrás de la puerta esperando que salgas/
huyas, te vayas y qué no vuelvas
ni lo asustes más...
O debajo de la cama sencillamente temeroso/temblando
a punto de estallar su pobre/diminuto corazón de porcelana
con alambres y plásticos injertado 
abriéndole troneras a lo no consciente/cautivo
en la Santa Trinidad de los Trinitarios...

En ese lugar/parrilla de San Lorenzo
en la que intentabas reconciliar/plegar/recoger velas
y tomar en brazos la nave nodriza de tu perpetuo aullido.
Naufragio sin negro ni barco encallado a la vista
que te ayude en tu salvaje/asesina salvación...

No puedo dormir,
creo que voy a dar una vuelta hasta la cocina
a echarle algo al estómago a ver si esto cambia.
O darme una ducha, o una vuelta por los alrededores
ale-daños/vampíricos/górgolas del edificio
como Cauasimodo en Notre Dame...

Pero primero voy a ir al aseo.
¡Sí, eso voy a hacer!
Es la primera prisa irremediable de la que no es preciso
escoger/correr ni escapar...
Evacuas tus inmundicias 
porque el resto no hay dios que las saque/cague
salvo por tu boca y estos dedos que taladran el teclado.

A lo que íbamos...
creo que me perdí por el aseo, sí.
Un sillón blanco, un ataúd también blanco
con forma de bañera de hospital del siglo XIX,
y el pequeño taburete de no sé qué...
El armario/mago de la restauración
al que le tiro de las orejas y le hago poses
jugando con las ventanitas de espejos.
¡Pero qué tonto más mono que soy, Señor!

Estoy desnudo de cintura para arriba
y suspenso de cintura para abajo;
como todos los finales de temporada/cursos...
No soporto el comienzo en un mes de septiembre
sin exámenes. 
Estaba tan acostumbrado...
Era el broche de oro al cálido/cándido,
tierno y por aquel entonces desgarrador 
final del verano.
Pereza/hastío, tropezones de papilla, 
sémola para bebé.
Se me hace la carne brumos
cada vez que lo pienso...

Me sacudo/despego el reloj de la muñeca,
-¡qué hartazón!-
ajustado por el sudor frio o lo que sea,
igual que se descalza uno de un puntapié.
...Pero sólo ha descendido hasta el muñón/
nudo de huesos atrancado con la pulsera de la sombra
del sol de ayer.
Casi no veo nada, cegado al alzar la vista.
Le he dado un golpe sin querer
y se ha roto su corona de santo...
Todo se ve más claro/mejor que mejor.
Prueba a romper el tuyo  -te digo 
verás qué claridad, 
y si no andara, especial...

Un chorro en forma de gotas de lava/líquido rojo
descienden castigadas/sedientas de actividad,
cansadas de la esclavitud/ataúd de mi cuerpo.
Se han salido/huido porque no aguantan más
y han aprovechado el corte para hacer algo de provecho.
Correr por el espacio sideral de la piel
con sus microorganismos/mudo mundo 
de sus perplejos/continuados traslados
por el baipás hasta el infierno
al que le pertenecen...

Delante veo/estoy viendo al de todos los días...
Mi película en pequeño formato
y lo reconozco, pues claro que sí:
ese soy yo.
Nada guapo, aunque alguna vez me lo imaginara.
Las arrugas pliegan algo que se estira/descuelga
como un fuelle/muelle de carga/cagá
de la mula de campaña/zoquete de infantería
en el que me estoy convirtiendo...

Es el cuello, mí querido y necesitado cuello,
desde la barba como si estiraras la lona
entre los cuatro palos, mentón/quijada/orejas/nuez
que todavía asoman de su vergüenza.
El pelo quebradizo como goma reseca.
La media docena de lagunas a ambos lados de la cara 
con nieves de futuro y lo pasado...
Mientras me trago el primer lapo/sapo de la mañana 
con hueso incluido.

Con el cambio de peso han aparecido nuevos relieves,
rivales/rostro oculto hasta hoy... 
Casi no me reconozco.
¡Qué valor!
Cada vez me sorprendo más y soporto menos,
así... de continúo
igual que cuando suspiro se hincha la barriga 
y no el pecho.
Me mire cuando/como me mire, y a la hora que sea
me tengo "aborrecio".
Si no fuera porque no puede ser otro 
el que está ahí frente a mí
juraría que no sé de quién se trata...

El espejo me vomita, me ha devuelto la imagen.
No, no quiero envejecer/convertirme en viejo,
ser un viejo ¡Qué horror! 
No me gusta la palabra, es tan tétrica.
Tal vez, transformado en mayor
quedaría bien...
¿A quién pretendo engañar, si todavía tengo ojos?

Parece que me llaman, pero me da igual.
Se ha debido notar el ruido que estoy haciendo,
pero hasta mi nombre sueña/
señala extraño/suena raro...

Menuda paradoja.
La noche con sus miedos abominables
metidos hasta el bazo jadeando
-áspera lengua de gato-.
Y el despuntar el día/clarear con su gesto nuevo
ese olor a gel de ducha/lucha por todo el cuerpo...
¡Ufffff! ¡No puedo más!

No me importa ni me preocupa 
si lloriqueo tan a menudo.
-No te alarmes por mí...-
Es para mantener a punto las tuberías/lagrimal,
para que no se atoren las filtraciones/congojas
ni se vayan/desborden por las fisuras/grietas.
Por esos nuevos surcos y ramblas
por los que ya van sabiendo discurrir y conocen bien,
íntimamente en mí su retiro/zambullido de piscina
a lo David Honeik.

Exquisitez cabezona en su regazo 
de la atrayente perdida juventud...
Mientras nado hacia el vacío lleno de una muerte segura, 
como la tuya
y las transparencias del agua cuarteando la realidad 
de su verdad oculta deformando/atrofiado 
hasta la saciedad el cuerpo del delito
junto al miedo de su desnudez
y la aleta del escualo cada vez más cerca...

Que sepas, y te sirva de ayuda para cubicarme
que sé como comprenderme y creérmelo
al poco del inmediato después
por la necesidad animal que impera en el instinto
de conservación de la especie...

Debes saber, que me crezco con/en el dolor
como la misericordia de un convento atrae
al pobre indigente/feligrés...
Porque ya casi me voy comprendiendo/correspondido
en el convencimiento de mi no vuelta atrás...
Estudiante a penas, cerca de los sesenta cursos ya repetidos,
los que llevo a cuestas en este mi libro de notas
para guia turística del desquiciado...
Y también sé que el adiós/jabón en los ojos escuece.
¿Verdad que sí?

-¡Cómo a todo el mundo...!
Ya, pero eso particularmente a mí no me cuela/consuela,
yo querría vivir toda la vida.

2 comentarios sobre “La tapadera de la noche es blanco sucio

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