Oír/ huir al reloj

Oír/ huir al reloj susurrante/rugiendo       xx+
desde el interior de sus engranajes 
fiel a sus pasos/posos de tiempo/pozo del escalón 
hacia la muerte... 
-y que no te despiertes-.

Resulta un alivio mirarlo y escapar a sus garras
-sin encajar un sólo golpe suicida en nuestro corazón-
Crujido a crujido/traste dándole al traste/
consuelo y eco firme en su cuerda de acero flexible
en la disparidad de las semejanzas
con uno mismo...

¿Cuántos latidos se pueden esquivar/ -y soportarlo-
o equivocados aguantar en esta puta vida
en paralelo 
con/a la misma frecuencia/música/
son de la máquina infernal?
¡Piénsalo bien...

-¡Déjame, traidor!
¡Suelta, suelta de una vez!
-¡Aguanta, por Dios...! ¡Qué prisas!

El narrador/
Las horas más tempranas discutiendo...
-así somos todos-. 
¿Las oyes tú también?


El libro da calor…

El libro da calor...     xx+
           prueba a ponértelo encima.
Déjalo reposar un instante sobre tu pecho.   
¿Lo notas?
         ¡Qué tibieza!
-como si te mirara dentro...-
Como si fuerais parte del sueño de un niño
que no siente absolutamente nada más que placer.

Cada libro es un viaje, una vasija/
           visita guiada a través del tiempo.
-tuyo y del autor-
Laberinto/alboroto que desde lo alto contemplas
viendo correr al minotauro tras la damisela
                         que por fin se cruzan.
Y se hacen el amor.
Hasta que llega/viene el héroe de turno
           y lo echa todo a perder/-dar al traste...-

Así son los árboles del bosque... 
             pulpa blanca para almacenarla 
             en grandes/duras ollas
-en los cráneos de los significados de sus letras-/
ramas/raíces
...ahora libro/atmósferas de su embalaje, 
                      alas del progenitor...

El libro una vez más te salva/es fuego en potencia
en la leñera, junto a las miserias de tu cuarto.
Y tú el furtivo, el nómada, el cavernario
               en busca de su refugio/calor/abrigo
para las noches de frío en soledad o en compañía...
Y te conviertes como él
        en hojas, papel de un día/de una vida.
-Bajo la lluvia de la atenta mirada
del que ha de arder-

Entonces empiezas/aprendes a actuar con equidad
al sentir lo otro como tuyo.  
Ya no te encuentras ni te sientes solo
    danzando
con el espíritu de las palabras...
También hay un susurro 
             tradruciendo el silencio de su lectura.
Parecido a la voz que antaño te velaba y guiaba 
hasta el portal oscuro del sueño.

Y te duermes rindiéndote/mecido en la brisa/
calma que te acuna
que te ayuda a salir del todo, vaciado
          con el prodigio de la nueva ficción/verdad.
          -Nana para tus neuronas-.