Un exabrupto enloquecedor

Un exabrupto enloquecedor       x+
engalana el parque desierto...
centenares de aves eclipsan al sol
en su peregrinar revuelo;
hasta se despierta tu voz
navegando en las horas de silencio.

Tus manos acarician el mar/
el sueño se hace concreto.

Este jardín tiene alas
de embriagado resuello...
ese de recogerte el alma
enhebrando raticos de asueto,
ese de morir despacio
hundido en pantanos inciertos,
ese de resbalar en el musgo
que, de peñasco en peñasco,
teje tu precipitado deseo.





Cuando se levante…

Cuando se levante...          xx
desgarrará los trapos sucios
llorando en el cándido/cálido paño.
Tus fuerzas se volverán flatulentas
entre obeliscos de cornetas.

Las más tributadas sensaciones
latirán al compás que tu las mezas.
Para darte rápido el sublime latigazo
descarnando a tu payaso de alabastro...

Te quebrarás como un banco hipotecario,
lleno de pagarés y talones falsos...
en la cornisa mascullada del colapso,
fusil ametrallador en cántaro agrio.

Y hechizado en el rescoldo de códices
de los más ásperos hipocampos...
a cada palpitar un peñasco,
a cada escalofrío un desmayo,
a cada suspiro un llanto,
a cada nueva distensión
un desengaño.

Y así... todo calentura,
jura y perjura.
La gloria una locura.
La locura, ser uno mismo,
uno mismo... 
-ser o no ser-.

¡Así es la vida
un feliz gatillazo.