Se deja desnudar x el sentir profano como un esclavo sumiso engullido hasta las manos. Suenan, desde su garganta... campanadas de bronce y plata anunciando la nueva cascada, esa de regurgitar la calavera que heráldica se esconde dentro de tu cara. Ya el tornillo lentamente patea el camino hacia la vaguada, hasta se entretiene en cada vuelta contemplando la estela que le arrastraba. Así oxidado y fundido en la miseria, es pacto de las llamas. Y todo porque la gesta añorada no fue lo suficientemente encarnizada/ -no tenías ganas...-. P.D. El ser -muchas veces- se olvida de ser/