Dentro de todo ser humano x hay alguien encerrado en una mazmorra de castigo o disfrutando de unas espléndidas vacaciones o pidiendo en un "pico-esquina" de iglesia ante otro que pasa indiferente. Al final emerge el sucedáneo, el mezcolanzas el difícil de catalogar ni por la madre que lo parió... -el que sabe de todo y no sabe de nada-. Pero ese es al que todos conocemos, al inculpado, el liberado... Ese popurrí de rebabas, potingues batidos en el almirez tomando la forma del cuenco/mundo/palo con olor y el gusto a la piedra del metal o al plástico utilizado. -nada más que un subproducto de la suciedad de la sociedad-. El resto apenas incordian ni se dejan ver... Figuran taponados por el mismo corcho que una vez les ayudó a navegar, a resguardecerse flotando plácidamente en las corrientes de la efímera deriva de los desposeídos. Todos somos náufragos de nosotros mismos. -¡Qué bien! Robison Crusoe... pues ahora mismo nos vamos a "La isla del tesoro" de Robert Louis Stevenson.