Sobre los bosques de cemento

Sobre los bosques de cemento     x
trillados por el astro rey,
exultante en su demencia
la luz quiere colarse otra vez.

Pergaminos de alabastro se abanican
por las fachadas en tropel
tapizando hasta las sombras
de tan símil vetustez.

Trovadores furtivos
entre cristales, persianas y pared
despiertan al vulgo,
con la ortiga danzarina
de réquiem y amén.

Es el efebo
que abdica su desnudez
tributando con monedas
de jaspe y miel.

Sus pestañas de oro
ornamentan los esqueletos
de la cabeza a los pies.

En derredor, su calor,
-blasón enjuto-
tiñe cualquier palidez
con la esmeril mortaja,
emblema coqueto de doncel.

Sus guijarros son chispas
que desperezan al vulgo
en el paréntesis de su timidez,
hasta en esas horas de siesta
de la engruda idiotez.

Cansado, al atardecer
se desviste entre las montañas
de su traje de arlequín,
devorado en el estanque azul
con su traje de rubí.

Hasta que tire del cordón
que le lance al sumidero gris,
su amada, la luna,
esa señora
que le viene a despedir.

Y así, entre cabezas de alfileres
que zurcen al escondite
su brillo por los aires...
con las velas arriadas
se sujeta en el mástil
de su ir y venir.
Como casto
y cumplido embalaje.
Cobijo esperado/
fiel bisturí.








Cuando se levante…

Cuando se levante...          xx
desgarrará los trapos sucios
llorando en el cándido/cálido paño.
Tus fuerzas se volverán flatulentas
entre obeliscos de cornetas.

Las más tributadas sensaciones
latirán al compás que tu las mezas.
Para darte rápido el sublime latigazo
descarnando a tu payaso de alabastro...

Te quebrarás como un banco hipotecario,
lleno de pagarés y talones falsos...
en la cornisa mascullada del colapso,
fusil ametrallador en cántaro agrio.

Y hechizado en el rescoldo de códices
de los más ásperos hipocampos...
a cada palpitar un peñasco,
a cada escalofrío un desmayo,
a cada suspiro un llanto,
a cada nueva distensión
un desengaño.

Y así... todo calentura,
jura y perjura.
La gloria una locura.
La locura, ser uno mismo,
uno mismo... 
-ser o no ser-.

¡Así es la vida
un feliz gatillazo.