Oigo los latidos de mi corazón

Oigo los latidos de mi corazón    XX?  
de continuo/constantemente en el oído izquierdo
como empujones que alguien te diera en la cabeza.
Igual que cuando te quieren llamar la atención.
Pero no, no es eso, no tiene nada que ver.
Incluso te inducen al mareo...

Ahora se atranca como si dudara en latir
y se hace el remolón hasta que suelta el latigazo.
Otras veces se juntan en montoncitos
de tres seguidos –la mayoría de las veces-
como que tuvieran prisa por algo...
-Colgajos/arritmias le llaman-

Y así voy oyendo el motor del coche
en la cabina del conductor todo el tiempo.
A veces me sirve de relax para dormir
escuchándolos, y el contarlos a todos
como ovejitas que saltasen, 
huyendo escapados
del corral de mi cabeza...
Hasta que se pare 
o no quede nadie por salir.
Me han dicho...

Menuda gigante/gran incertidumbre...
¡Te imaginas saber que te vas a morir
o que te estás muriendo porque ya no lo oyes!
Ni a él ni a tus animalitos del interior.

Me resulta complicado/difícil de asumir
asimilar la cantidad de silencio y de dolor
que pueda haber encerrado allí
en ese momento único y fatídico.

O como el primer infarto
del que escapé de chiripa/por milagro.
Pero esta vez será fulminate, con final infeliz
ese desgajado/inexistente 
         en los cuentos de hadas...

De todas las maneras y formas
ya me voy acostumbrando a él.
Me gusta y lo quiero mucho, 
y no porque no tenga más remedio
ni por lo que representa...
sino por lo que le voy a echar de menos
cuando deje de andar y yo quiera seguir.
Algo que todavía no encajo bien, y me cuesta.

Por eso tengo tanta prisa en hacer cosas y me estreso
por si me falla/falta a la cita el día menos pensado.
Por lo menos que me encuentre ocupado...
-como decía ese con la inspiración-
A ver si se equivoca creyendo que no soy yo
al verme trabajar/atareado y girara para otro sitio... 
¡Ojalá!

Y va a ser así, te lo adelanto de antemano. Sí, a ti,
el día que menos lo esperes, porque ya sólo te queda una vida
como a un gato viejo...
Según las estadísticas sobre los infartados, de cada tres cae uno.
Y tú ya has gastado dos...
¿Qué le vamos a hacer...?

Como reclamo/chantaje, le pido/digo...
que me deje un poco más
que estoy a medio de esta o tal cosa:
un escrito, un cuadro, un viaje a mi interior 
por los cerros de Úbeda...
Qué sé yo...
Por si acaso tuviera/tiene compasión
y se apiada misericorde de mí.

También me sirve para concluir,
en ir llenando el camino de migajas
con algo de materia/creación propia...
Mollas de las cosas que hago como señuelo
rastro, por si no supiera cómo volver después
a la casita del bosque.

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