Hay un espacio no identificado

Hay un espacio no identificado      xx  
hasta que te desnudas y me miras
con la bala entre los dientes...
Con ese sabor a pólvora mojada y de su metal 
dulce satinando/salivando en riadas
a mil leguas de las circunstancias/circunferencia
de la órbita de nuestra ex galaxia...

Goteando miel por sus poros, cientos de rayos de la esfera
del espejo de discoteca nos dan la bienvenida
en cada momento...
Combinando/cambiando de baile el flujo de la respiración
por las dos vertientes de la curvatura de un relámpago
que busca de nuestro cuerpo su pararrayos, la playa/ 
espada con la que se dará muerte.

¿Qué somos...? Si no dos armarios llenos de carcoma,
rebosantes de rencor por los cuatro costados, 
con sus montoncitos de polvo/ 
escombreras de la mina de nuestros corazones
y de su dibujo olvidados ya roto.
Nada más que un adiós 
        sin beso ni misericordia...

 

No podía haber empezado mejor…

No podía haber empezado mejor...       xx+  
sin que se resquebrajara/descompusiera
en cuarenta y dos pedazos...   -que los conté-.
Una descarga de cosquillas había sacudido
su vientre/cintura.
Mí mano no la quité de allí...

Sus caderas, muslos, sexo... de cera líquida
aún no cobraban la forma
de lo que estaba pasando por nuestra cabeza...
La sed de su veneno ardía en mi prolongación hiniesta
dispuesto a atravesar su orbe escarlata
de la ira embravecida por las ganas del gozo/pozo
todavía no resuelto de su calentura.
Y continué... cosa que te contaré más adelante.

Las medallas me las fui confeccionando yo solito
con las servilletas/clínex sobrantes.
Las dibujé/recorté de todas las formas/
maneras posibles e inimaginables...
Recordando aquél momento inmenso, soberbio
tan dulce, eficaz/edificante...
Mientras ella prendía un cigarro 
de boquilla marrón con motitas blancas.

Yo la miraba, la veía serena/relajada
todavía caliente, sudorosa, pero en calma.
Como el mar después de la tempestad
con la playa llena de señales de la contienda.  
Sometida al vicio/desahogo del descanso...            
con el sabor/olor de la nicotina/tabaco.
Las paredes estaban igual que al principio
cerrándonos/acogiendo nuestra intimidad rota.
Como a dos críos tras las travesuras/fechoría.
Y seguí sumándome medallas a cual más mona...
y ella no paraba de fumar.

Me gustaba encantado ese aroma
fluyendo entre los demás... alicatado
a tabaco rubio americano
digerido por mi tigresa/dragón favorito.
Y lo busqué de entre sus labios/boca
con un beso fratricida/cautivo
que me devolvía el tono/empalme.               
Y deje de hacer el payaso con tanto papel            
y pasé al ataque de segundas.
¿Otra mano/ronda/partida… imaginé...?
Ella no dijo nada,  sólo sonrió.

-¡Y las ganas tuyas.../calandria! 
¡Todavía crees en los reyes magos...?