Cada vez que

Cada vez que las hojas cambian...     x?  
                 cambia el árbol, 
y la caricia que nos lame -prisioneros del pasado-
le besa la mano sin beber
   de la boca que abrió la tierra con sus raíces.
-Somos una circunstancia más
             sombras/sobras de la vida...-

Mi amor, hay que partir...  ya es hora, 
                               la luz empieza a declinar
    a conjugarse en el fatal desenlace de este atardecer.
-Eso es todo, y aquella vez... cuando nada era así-.

No tengas miedo, 
a cada momento vamos construyendo nuestro futuro,
-todo cambia para bien-
Cada uno de nuestros actos es un ladrillo más,
                ladrido/bocado a la esperanza.
Verás como todo mejora, ya no puede ir a peor
                               -no le queda sitio-.
La semilla de nuestra unión toca a su fin...

Cuando nos acercamos tanto a algo... 
-aunque querido a rabiar, sin quererlo igual después-
                sigue rodando/rondando en nuestra mente
como un sereno 
que no quisiera abrirte la puerta para que escape/salgas...
Y lo llamas/lo llamas, sin que te obedezca.
Sólo oyes el ruido de las llaves.
-Esa es la película de nuestra alma cautiva 
en el edificio del cuerpo,
            el cuento del nunca acabar...-

Y lo mejoras con los sueños/años, -mientras tanto-
                            y le añades nuevos inventos 
         de la modernidad inmortal que nos compara/compra 
como a un científico loco de sus experimentos.  
Y acabas de remate.../ por no poder dormir, ni vivir, 
sin descanso.

Aquello está tan lejos, como de cerca esto 
                             de lo que aún no ha sucedido.
Y te lo cuestionas... una y otra vez/
Por eso lo preferimos ante la incertidumbre. 
Nos agarramos a lo que nos rodea... 
a lo que más cerca tenemos,
y justo es por lo que no podemos huir, por el vallado...
Y maquillamos/desmaquillamos a nuestro antojo al enemigo
con los ojos cerrados 
para que no nos escuezan y echemos a correr/ o a llorar.
Alejados así de la realidad, 
separados por el pellejo de los párpados
         o la turbiedad de las lágrimas.

Así gira el mundo... y el destino...
                     sobre la punta del dedo índice de Dios
                    el mismo con el que nos echó del paraíso
                                         y se saca los mocos.
-Anda algo entretenido... sí-

Pero no te preocupes por tu existencia;
lo que ha sido y ha pasado alguna vez, no deja de serlo ya/
                                                       jamás,
y con eso debe ser suficiente. Alégrate... 
                    al menos estamos vivos/lo hemos vivido.
Aunque no lo tengas del todo claro, ni dónde...

-¡Pues me dejas igual que al principio!
¿Sigues o no con ella...!
No lo sé, sólo me acuerdo del árbol y de su fruto 
                                         en usufructo...
-Amén. -Cada día te quiero/me lías más- Djobi djoba.

Corredores de la muerte

Corredores de la muerte de mis lamentos...       x+.
siempre cotizando al alza.

Me gusta porque me despeñan al vacío
que se llena después -en su vuelo-
de una sabia esperanza/
Fruto nacido
del apareamiento de la nada
con un destino casi siempre
incierto... y sombrío.

Escucha... -queja-
En la yema de un rayo
entre la punta extrema de su látigo,
-ese que nunca sabes hacia donde irá a caer-
y su estruendoso zumbido/cajón desastre 
cascado, mojado, tocando a rebato...
Allí te espero cuando mires al cielo
por última vez.