Detrás de las ventanas/

Detrás de las ventanas/ojos...    xx?
¡“Joder”!       
Cuánta vida fresca y nueva hay que desconozco.
           ¿Cuántos tipos de molde/modelos de envidia 
                            puede uno tener, Señor...?
 
Le doy vueltas y más vueltas, -súbdito de mí-. 
Es fuerza/atracción que me pone alas... lo noto, 
                       como si fuera a despegar.
Porque sea viejo no estoy vencido. -Me digo.
Puedo seguir señando... o qué¿?

-¡Evítame si quieres corazón, pero escucha... 
veo tu luz, ¿oyes La Voz? Te puedo salvar.
Estoy atrapado/déjalo, no te comprometas/preocupes...
       Son cosas de la edad que te hace presa 
       como un tornillo/tormento desgarrando, 
descuartizando/desvalijado ya el cerebro.

En lugar de verlo todo más claro, es justo al revés.
Sé que algún día, -cuando menos me lo espere-
todo esto terminará... 
¡seguro!
Soy un plasta, -prototipo de humano fallido-
que se desajusta/desmonta/
desmorona con sólo su resistencia centrípeta...
                   con el dedo acusador en el pecho!
Ya he sufrido un par de avisos, 
-como en las corridas de toros-.
Todo lo que empieza debe de tener un final... 
                                 ¡Eso dicen!

-¿Pero descontento de qué, ¡no te quejes hombre...!?
A veces el futuro sufre un accidente... -no seas bobo-.
 Ven... pasa un rato más conmigo, tengo chocolate/
                  y todavía está el pan caliente.
         
¡Y dale que te pego...!
¿Es esa tu intención/la estrategia que piensas seguir?
-No, ni te la imaginas...
pero sé que eres goloso y te gusta mucho el pan.


Bebo de tu imagen

Bebo de tu imagen              x
conforme mana de mi memoria.       
Un anillo en el colmillo del lobo del miedo
con un contrato social vira por la fuerza del viento
convirtiendo en ventilador a la veleta pez
que se hace vela y nos empuja al arbitrio
de un echarlo a suertes...
La luna como un borrador de nata ha abierto un pozo
en el pecho de la noche...
Un rodillo trazador de sastre recorre el patron del dibujo
que alguien sugirió y que las estrellas están hartas/cansadas
de tanto latir en medio de tu nada.
No dan abasto ante la profundidad insaciable
de la oscura negrez de lo sin luz.

Inerte piel entre miles de diminutos cálices de eucalipto
con la tapa del copón/casco árabe
como una púa genuina a la descalza ambición
de dejar marcada la naturaleza porque tú has pasado/posado ahí
con una foto de almanaque relámpago...
Una mancha de galipote en el talón tizna la chancla.
Una trenza de soga de cabellera abundante recoge
como una tripa de intestino grueso el barreño de los juguetes.
Un tendedero lleno de gotitas
como un cable de golondrinas de cristal puestas del revés...
Una pinza amarilla olvidada, un niño con el tirachinas
tenso, una inercia que nos conduce a temer lo peor.
La calabaza de tú termómetro ha derramado una gota de mercurio
sobre el cristal de la nieve haciendo un pozo vertical 
que mina hasta la base de su tronco/cuerpo 
como la sangre del Octavo Pasajero...

Una hormiga se ha adentrado por el laberinto
del esqueleto abandonado de un caracol macho
adosado a la pared de cal fallecido 
desde que se escondió al pleno sol desde el balcón 
de nuestras miradas...

Su escultura/túneles de nácar albergan el contorno/ 
moldes del cuerpo que debíamos haber tenido,
del mismo tamaño al que abandonó en vida...
Una babosa se restriega con el tronco
que lame su caldo viscoso ante el inmutable ajeno ya.

Te imaginas la boca con cierre de velcro, cremallera,
cosida con hilo palomar, sin poder articular palabra alguna,
ni poder estropearlo todo.
Una serpiente con escamas de escarcha
corre veloz por el cauce de la voz que no se acaba...
El poso que enturbia el agua ya ha ocupado su lugar.
Condones llenos de no vida se secan 
en la orilla de la carretera.
La cresta de gallo flácida desajustando/
destartalando el canto de la mañana...
Una cabellera de lombrices rojas o de algas/
pelos verdes mecidas en el fondo del estanque
al compás de la corriente de las aletas de los peces de colores
mientras renacuajos ocultos son devorados por la araña buzo
que sabe de su escondite.

El amanecer incendia la casa
con el reflejo brillante del cristal de la ventana.
Un arco de sables en columna se clavan en su interior...
El botón pausa de la noche no significa nada,
la grabadora sigue a lo suyo.
El postre/disparo es el último camino. 
El final a todo.
-Y no volver sin haberte despedido... ¡qué valor...!