Cuando te partes…

Cuando te partes...   x+
con la sonrisa prendida   
al cuello elástico y quebradizo
de un momento tenue/
perfilando poder seguir entero.

Cuando la suciedad de tu mente
plaga con su olor estremecedor
los órganos gelatinosos
del maniobrar inconcreto...

Cuando las farolas se quejan
auspiciando resplandecer
sobre tus acongojados
y oscuros sucesos.

Cuando no queda silencio
para ser escuchado,
ni maniobrar alguno
para salir estirado.
Es cuando nada dice un poco
y todo merece ser planteado...

-Entonces, las prosas
se cuelgan de sus talones,
para ser pacto del diablo-.


P.D.
¡Qué lo quieras.../ 
-qué desees algo no basta-!
Está la armonía, 
esa música/tareas 
con la que bailas y batallas 
                     a diario.

Rodéate de buenos maestros/
-generales de libros quemados-
para no echar a perder el tiempo...
Todo se pudre con gran facilidad
si no lo renuevas/lo mueves
             o te lo comes.




Parecía que despuntara el día

Parecía que despuntara el día          xx+  
                pero no era/ni fue nunca así.  
Estábamos al final de las fiestas del pueblo, agosto.
     La luna olía a romero/romance    
tomillo de monte, espliego macho en la mota del río.
Las matas, cañas en la cola del brazal
como sables brillantes postulando...

La baranda del puente más mojada que nunca
                                    por el relente
como una siembra/serpiente de perlas.
El aroma a jazmín de la última puerta
                         por la que habíamos pasado
junto al galán de noche de turno
todavía atosigando,
incrustados en las papilas/pupilas
        del pensamiento de lo menos grotesco.

Iba atrapado en unos ojos de chispa de estrella envolventes
fuera de su cuerpo, levitando/llevándote con ellos
en su frasco de pequeñas esencias.
   Parecía/creías que lo entendiste todo
              pero no había/nada estaba claro.
Ni la generalidad del ahogo que te iba creciendo
como un borrego entregado al olor del pasto.
¡Qué fea comparación! 

Pero era feliz...
Y me dejaba caer hundido en el tacto de sus labios
en la piel de la punta de sus dedos
                              que se plasmó pespunteando...
      Que te apretaban conforme sentías cada pulso/
paso/latido suyo.
Era la voz de la carne hecha hombre/hambre elástico
que me llamaba ardiéndome...
-¡Ya me estoy pasando!-

Ni siquiera recuerdo si la besé del todo bien.
       Llevaba un vestido de cuadros azules
atado al cuello y la cintura
a medida, elegante/altiva, y sus hombros de cera.

Sus brazos los sentía apoyados en el hierro esquivando mi costado
       justo cuando mi vecino,
el de la casa de la huerta de al lado de mis padres,
apareció, se acercó a hablar,
a saludarme.
Me había reconocido, quería echar un vistazo, ver con quién estaba.
               Y nos jodió bien el jodido, de lleno
la posible/presumible aventura...

Ella no lo entendió, ni yo... -lo de mi corte-.
Y nos fuimos de allí callados, en absoluto silencio
hasta muy lejos
             sin que nos hayamos encontrado aún.

Todavía lo recuerdo como si fuera ayer.
Y me da pesar como si fuera hoy
                    y no se me olvida...