Dejemos que el día

Dejemos que el día      x
escape a nuestro control,
al de los periódicos
al del hombre del tiempo
al horario obstinado
obtuso en ser obedecido.

Dejemos que el día escampe.
Dejemos algunos momentos vagos
vagabundear como pobres sin destino
en la cola de la beneficencia.

Esperemos la buena nueva
desde otro sitio, al otro lado
desde la acera de enfrente
donde no mane ese hedor rancio
ha gastado, ha usado...

Dejemos que sea él mismo...
sin terquedad, sin absolutismos.
Dejemos que se deslice
por el tobogán de su propia muerte.