Me duelen

Me duelen las puntas de los dedos...           xx
La costura de los bolsillos de los tejanos 
aprietan mis manos,
los clavan en las ingles 
hasta el apéndice/bazo.

Tengo tanto frío esta noche
que los pies son como guarismos de penado,
paseando sus zapatos de goma congelada
por el corredor de la muerte...

Ya, el filo de las baldosas y las esquinas
parecen nuevas trincheras
en este drama/ejército/ejercicio de penas.
Casi me resbalo/patino, aterrizo
sin haber llegado
en cualquiera de ellas...

Tijeretas de vapor de amor
redoblan mi dolor
en este padre nuestro rancio.
Escarabajos de lejía y ajo
recorren las vías venéreas
en la Vigilia Pascual
de este Sábado Santo...

Me duele hasta el vaho aborigen,
que sale a estampidas/encapsulado...
de tantas migrañas suicidas
que permanecían en mi pecho abrigado.

Me quedo quieto, con la venganza “envainá”
mientras un silbo me rebana la garganta,
-un dirigible sin rumbo
donde dormitaba mi alma...-.

Ya no puedo más
ese mamón estirado le gusta,
su mirada la delata.
Me voy a mi casa/muy despacio,
a ver si mañana llama...
Puede que tenga otra oportunidad
para reventar este relicario
que nunca acaba.


Noto

Noto como otros ojos atraviesan tu coraza,     x?
otros brazos quieren vararte,
otro cuerpo quiere trincarte.
Por la senda estrecha
que nadie pase...

Y yo, aquí, a la espalda de Dios,
me atraganto en el Sagrario,
por haberte deseado y querido tanto...
sin llevarte un solo día al bancal,
al campanario o al huerto de al lado.

Soy un flanín en la barraca de un “ahogao”,
un nido de vencejo de la cántara “colgao”,
el esperma de esperanza de un eunuco “exhumao”.

Ya, las farolas que me alumbraban me estorban/
echan delante y detrás mi sombra...
Y no sé por dónde coño voy,
y van... las hijas de la gran p
                    y me asoman.

Y sigo sin ver en el reflejo de la nada
el sueño de mi otra vida.
Como si nunca hubieramos existido
               ninguno de los dos...
-Es de noche y el sol de tus ojos descansa/engaña.
Sí, será eso...

Suspiran los gozos

Suspiran los gozos            xx
por el aire que dejamos pasar
entre tu cuerpo y el mío.
Se agotan con la imagen partida
del respetuoso decoro,
cáñamo que no ardía.

Se quejan llorosos
por no haber encontrado cobijo
en las crónicas de la carne.
Se flagelan con la luz encendida
sobre el papel apuntillado
en la esquina de la mesilla.

Se derraman en la sangre
con borbotones cobardes
por no haberte dado
un solo beso palpable.

Te miré/te deseé, caminé junto a ti,
y hoy descubro a la sombra de este cáliz
que no tuve tino en dejarme ir.

Recuerdo tus gestos/tus manos,
tus ropas, tus brazos,
como andabas, tus piernas...
como mirabas, como olías,
que callabas/que decías,
como te ibas, como volvías,
siempre a mí... día tras día,
desde tu casa.
Y yo higuera de rambla,
solo, me moría.

Te dejé ilesa, cumplida y coqueta,
como llegabas a la cita de casta traviesa...
por el camino de tierra que lleva al río,
donde ahora me ahogo de tanto desatino.

Así, me debato entre juegos de profeta,
sentado en la más cómoda butaca.
Y en cada cuadrícula de tu ayer,
te poseo y me mutilo
de ventrículo a diafragma,
del Espíritu Santo/al fondo de mi alma.

Nunca podré volver y recomponer ese puzle,
porque lo que pasó... pasa.
Sólo puede uno disculparse,
pues cometí la peor de las faltas.
Ese no era yo/no estaba,
era un pobre fantasma.








Hoy, sentado

Hoy, sentado      xx+
donde tantas tardes
procuramos un ayer mejor,
cada resonancia de las canciones
golpea la raspa de mi orgullo,
los ojos parece que me escuecen...

Estas paredes me esprefollan,
tan azules, tan crueles.
La música sigue brotando.
Me hace añicos, me entristece.

Esta fiebre helada/
mofa bravata,
hace que vea fantasmas
y, en el polvo de la luz
guijarros que me clavan.

Siento tu mirada...
tus labios ausentes;
tu perfume
tus posturas
tus carnes que no vienen/
la cuna que no meces.

Esta varita mágica
trastoca mi braguero de heno,
donde los sueños de cristal
se van rompiendo...

Y, entre las virutas,
aparecen nostalgias
que se pierden como tu imagen
por el horizonte que no tengo
              ...y las quiero.





Tus ojos

Tus ojos             x?
son un arañazo
en la piel de sapo,
cartílago desmembrado,
preñado de la sed
     que no atajo.

Tus gestos...
paranoias rotulando
el melancólico entrecejo,
rompecabezas de acertijos
vomitándome a destajo.

Tus cabellos...
los menos lisos
los más plebeyos,
pastizales de amasijos,
vallas de caminos
donde choco y me lío.

Tu boca...
dragaminas que musitan
arco iris de delicias,
plegarias de postizas
   rumiando mis premisas.

Tu sonrisa...
malabarista exquisita,
sacudiendo la anarquía
que me trepa y me confina
que me guisa y me cocina
en el poyo de tu ermita.

Quiero estrangular los papeles...
desguazar del escrito el todo,
azotar su osamenta
en este omnívoro aguacero,
lumbre donde hiervo.

Quiero deshilvanarme de tus ropas...
perderme en el cesto de los trapos sucios
y aunque busques y tires,
que no me encuentres
¡Nunca!


Me tienes “cuajao”

Me tienes “cuajao” de ti/         xx
diluido en ti,
hundido en ti,
pegado a ti...

Serían necesarias muchas vidas
para saciar este hambre/
para dar cobijo a este miserable,
...para llegar al principio del fin
que tanto imaginé.

Gracias por vivir en mi vida...
Destilaste el mejor licor
      para emborracharme.

Pero ahora... 
sólo soy cuerpo de tu cuerpo
ganas de tu carne.
En el cielo que me invento
porque a otro no pienso ir/


Tengo traviesos

Tengo traviesos aglomerados         x
por mi cabeza pisoteando.
Tú figura tierna y frágil
en mi sien levitando...

Tus idas y venidas
desarbolan los anclajes
-del trinquete a la verga-
con el peso de su lastre.

Tus ojos siempre atentos,
listos al abordaje...
me penetran hasta las ansias
de mi fulgurante queja.

Rondando, centrípeta esta nave
rendida a tus pies...
que quiere huir, escaparse
con viento fresco
o caliente, cuando sople
como sea.
Pero marcharse cuanto antes.

El presente arde

El presente arde deprisa         x?
con sabor a desquicia
de no tenerte entera
         casi partida.

Agazapado me entretienes
en el cerco de tu finca,
junto al fiel mojón
donde mi azada se desportilla.

Te busco por las calles,
y no te encuentro.
Miro las arenas del cielo
y solo moqueo.

Ya no me buscas,
lo noto, lo presiento.
Soy un zuro pétreo
en el costal de tu silencio.

Todas aquellas gracias
que en paquetes de regalo
me obsequiabas a tu paso
hoy se vuelven celosas contra ti
porque prisionero de tus guisos
me tienes harto.

Ya no te regalaré más palabras bellas,
ya se perdieron las ganas de abrazarte,
ya nunca desearé ser tu siervo...

Solo seré un bicho esquizofrénico,
paranoico refrigerio
en tu mesita de noche
junto al vaso/beso que no tengo.


Por donde te busco…

Por donde te busco... me encuentro           xx
y revuelto entre ropas antiguas de cuerpos nuevos
me atornillo en tu desdeño.

Afilo la espada certera de mis ganas,
haciendo jirones con las horas que te espero.
El péndulo y las agujas se clavan en mi pecho,
una me saca el corazón, la otra los sesos.

Quiero tragarte con la saliva atrasada
de cada día que te pierdo...
morderte los labios más tiernos
debajo de la mesa, en el brasero del infierno.

Aunque todas las estrellas del firmamento
me hubieran dicho lo mucho que te quiero/deseo,
aun así, dudaría de que fuera cierto.
Y más aún, no habría naves en el Universo
para embarcar un solo polizón de este tormento.

Porque sólo soy...
un gladiador de chocolatinas de colegio,
minusválido compulsivo,
majestuoso engendro,
espina dorsal de cactus seco.
Nunca me encontraré contigo en el cielo.
Me perdí mucho antes de estar despierto.


Paseo…

Paseo...                  xx
y juntando mis manos las separo.
Esbozo en el espacio tu figura;
del silencio, tu ternura;
en el cielo, tu hermoso ser.

Camino y te clavas en mi sed,
tu mirada se hebilla en mi piel
tu respirar, junto al de ayer.

Ando y trazo surcos por la pared,
arrastrando tras de mi los dedos
que arañan y sacan el salitre espumoso
de los bajos fondos de la fe.

Me revuelco rabiando de celos por las aceras,
a las tapas de los desagües de tus desplantes.
Me paro en la penumbra de cada portal,
de ese último viaje, beso sin billete que me das.

Inflando globos de deseos y esperanzas por el aire,
el sol, la luna, las estrellas eclipsados
se olvidan de respirar...

Te busco en el rastro que persigo,
en la locura que me abruma,
en los cristales rotos de mi sien.

Te busco y siempre te buscaré.
Pero hoy quiero olvidarme de ti,
saber si te quise, o no, alguna vez.
Si me perdí y no te encontré.
Si me llegaste a ver...