Tu podrás recoger

Tu podrás recoger         x?
las hojas atrapadas
en los matojos del comprender...
podrás rodear con tus dedos
su cara y su envés;
pero nunca acariciarás
la parte más viva,
la savia que las nutría
antes de caer.

Porque la vida
es el aroma ovillado
de un eco secuestrado al nacer.
Más tarde, acaso...
una prenda en el fondo
de cualquier charca o tonel.


Al tiempo

Al tiempo lo podrás calzar          x?
con sandalias de piel
o esparteñas de soga.

Al tiempo lo podrás tocar,
desnudo entre sus astas,
surcando las horas.

Al tiempo lo podrás atrapar
con relojes de sal y arena.
Pero nunca te podrás pasear
entre sus garras de cera.





Las llanuras del deducir…

Las llanuras del deducir...          x?
se colaron por la alcantarilla de la duda.
La ciudad de las ideas se amotinó
con el verdugo del momento.

Tus fuerzas se las fueron tragando
buitres carroñeros de segundos mal puestos,
vestidos de gala, cumplidos y coquetos.

La visión objetiva se perdió en las cuencas
de cristal genital y parpados maltrechos,
en un alarde de querer filtrar
sólo aquello que te daría por contento.
-Como malabarista estúpido
escurriéndote por tu féretro-.





Se desgranan

Se desgranan moviendo sus culos   x+
al son de la marcha triunfal del alba,
cada día y un día más...

Y así, transeúntes del devenir
circulan con las camisas desgajadas
en la fiel sien de la añoranza.

Y todo... por una mala brisa en el bancal;
ese de pan y de paja, de alma y de cristal.





Hay veces…

Hay veces...    xx
que se escapan las ilusiones      
en carros ensangrentados
sobre las arenas del tiempo.

Hay veces...
que se escapan las alegrías
envueltas en nubes grises
que se condensan y te precipitan.

Hay veces...
que se escapan los momentos
por caminos fangosos,
faltos de carisma...
-Dejando transcurrir los días-
como melancólicos suicidas.


Luciérnagas silenciosas

Luciérnagas silenciosas        x+
juguetean al escondite
entre las matas...
dejando ver en la oscuridad
su falda verde esperanza.
Grillos irreverentes atronan
frotando sus patas,
derramando júbilo
entre las brozas y cañas.

Las ranas croan
en carnal semejanza
entre chasquidos y silencios
que las asusta como delatan.
Mientras que la senda
mojada de relente
remonta con su humedad
mis sandalias.

De pronto,
una sombra en la tapia
me hace huir
a la misma velocidad
que me atrapa.
Y lanzado al borde del estupor
convulsionado como una guitarra guancha,
tiemblo aplacado en esa espuma
“pasmao” del miedo que me atenaza.

Con el valor de cien quijotes
siembro de pisadas feroces
la senda de hilos de plata,
hasta aplasto algunos caracoles/
a cualquier criatura noctambula,
voy acelerado, con prisas,
sin contemplanzas.
Al loro... unos perros
avisan de mi llegada,
el cañizo, una estaca, la curva,
una ligera cuesta
la puerta de mi casa.

Por fin, respiro tranquilo
en la paz de esta plaza.